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La premonición de Rafael Zafra en 1975: «Ahora hay muchos pasos que salen con ruedas y este sistema podría ser una solución… se puede crear una auténtica escuela de costaleros y capataces»

En marzo de 1966 la mítica revista mensual «Patio cordobés» públicó su primer número dedicado a la Semana Santa. De la mano de su director, José Luis Sánchez Garrido, y su editor, Antonio Bejarano Nieto, la revista comenzó una andadura cofrade que se prolongó durante 10 años, hasta la última edición publicada en 1975. Una revista que ocupó un hueco que posteriormente vendrían a conquistar otras publicaciones que no lograron olvidar el singular sabor que tenía aquella revista. 

Precisamente el último de esos números es el que sacamos a colación en este rincón de la memoria de hoy. El número de 1975 incluya una interesantísima entrevista a uno de los grandes revolucionarios de las cofradías cordobesas, Rafael Zafra León, con un sugerente titular: «El Cristo de la Expiración será llevado a hombros por los propios cofrades». Un titular insólito en la medida en que suponía una auténtica metamorfosis en el modo de entender el trabajo de costalero en la ciudad de San Rafael. 

Si bien el origen de este tsunami tuvo lugar algo más abajo del Guadalquivir la instauración de la figura del hermano costalero en la Corporación de San Pablo supuso un auténtico aldabonazo en una época en la que las distancias entre ciudades eran mucho mayores que ahora. El mencionado Rafael Zafra León y los capataces Rafael Muñoz Serrano e Ignacio Torronteras, según afirmaba el propio Zafra en la entrevista, fueros los auténticos instigadores de este fenómeno en Córdoba. 

En aquella entrevista el hermano mayor, al que curiosamente denomina presidente el redactor, Juan Ojeda, afirmaba que la idea de llevar el paso de Cristo a hombros de los propios hermanos surgió por la intensa convivencia que tiene la Hermandad a lo largo del año de la que surgió la idea, a resultas de la cual surgieron 35 o 40 voluntarios para llevar el paso, que quedaron reducidos a 20 o 25 en virtud de una selección que comenzaron a «entrenar» a mediados del mes de enero, dirigidos por Muñoz y Torronteras.

La composición de la cuadrilla era variopinta, pese a que la mayoría eran jóvenes y estudiantes. Pero también la conformaban dos almaceneros, un gestor administrativo, un perito industrial, cuatro administrativos y dos conductores. Zafra afirmaba en la entrevista que hubo bastantes muchachos que quisieron presentarse y los padres no los dejaron porque pensaban que era algo demasiado duro y difícil. Un extremo que el hermano mayor rechazaba afirmando que «los que prueban se convencen de que no lo es», añadiendo al respecto que «lo que hace falta es tener ilusión y ganas». «Y espero que el año que viene podamos sacar a hombros de hermanos los dos pasos», afirmaba.

Zafra revelaba en la entrevista que para cumplir bien en el papel de costalero era necesario «ante todo ser cofradiero y sentir lo que se hace» y «técnicamente, sincronización para llevar el paso igual así como conocer las voces del capataz», además de «no mucha fuerza, 40 o 50 kg de peso». Un peso que se soportaba «mucho mejor» en la medida de que «nosotros utilizamos el costal, como se hace en Sevilla, porque aquí lo tradicionales usar simplemente mantas».

Los ensayos, dos por semana, consistía en «sacar el paso, cargado con sacos de arena a la calle, haciendo el mismo recorrido que tendremos que realizar el Martes Santo». Por su parte, resultaban llamativas las palabras que dedicaba Zafra a los costaleros profesionales. En este sentido y al ser preguntado sobre qué pensaban de los costaleros aficionados, el hermano mayor afirmaba que «al principio creían que la idea era irrealizable, pero ahora afirman que lo hacen magníficamente», añadiendo que la incorporación de hermanos costaleros no supondrá menos vistosidad en el desfile; «al contrario -subrayaba- porque los costaleros a sueldo no entrena mientras que nosotros sí y por eso lo haremos al menos igual que ellos».

En el último tramo de la entrevista Zafra evidenciaba su inequívoca apuesta y su visión de futuro ante la pregunta de si este sistema se extendería a otras cofradías. «No lo sé pero es muy posible. Ahora hay muchos pasos que salen con ruedas y este sistema podría ser una solución, además de que así se puede crear una auténtica escuela de costaleros y capataces». Unas palabras que con el paso de las décadas se han convertido en una auténtica premonición. Palabras que ya forman parte de la historia de las cofradías cordobesas.

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