La edad no perdona

Días tarde, horas, qué más da. Nunca he tenido la obligación de tener que escribir, y lo hago por entretenimiento, a horas de tener nuevamente que abrir mi taberna, otro fin de semana más aguantando al personal, o bueno, a mí distinguida clientela.

Ha sido una semana en que la edad me ha dado de bruces con la ardua realidad. Ya sobrepaso la mitad de la cuarentena en mi DNI, y eso de estar desde el viernes en Madrid, para ver la despedida de Julián López «el Juli», más las idas y venidas con antiguos amigos que por aquellos lares me quedan, me hicieron volver antes de ayer a Córdoba tocado, muy tocado físicamente. Parece que he hecho el camino de Santiago descalzo y con una mochila llena de piedras.

Al estar fuera, mi taberna ha estado cerrada y mis parroquianos huérfanos de sus tertulias, pero tranquilos, que ya vuelvo esta noche. También al estar lejos, no tengo hoy tema que contar, no hay rumore, rumore. Así, que les contaré mi viaje.

Vaya por delante, que ha sido una pena la pérdida del gran torero para los amantes de este mundillo. Es algo que ya se barruntaba, incluso el que comparte cartel habitualmente con él en aquel templo de la tauromaquia, ha sido uno de los grandes artífices de su marcha. Una pena.

La impotencia, con la edad, ves que viene de la mano de la importancia que algunos creen tener, o su persona, cargo o mando. Qué triste mentira, y qué pena cuando alguno ya vea también forzada su retirada por las mismas razones, un adiós que no se verán venir, pero que siempre llega. Ya saben, a cada cerdo le llega su san Martín.

Este torero desde sus comienzos, se encontró con una cuadrilla a la que ha ido limando, ha ido adoctrinando hacia no un cambio de estilo, más bien, un cambio de actitud, de saber estar, de tronío al andar mismamente. Ya se sabe que los toreros antiguos, algunos toreros frustrados, pues es difícil de mantener. Hizo cambios, metió savia nueva, y entre eso, y el peso de su nombre en los carteles, que se ha ido agrandando también en la que considera su plaza, y en otras donde ha hecho paseíllo, le dio todo el respeto del público, el reconocimiento de torero.

Lo de ser el número uno del escalafón no vale para nada sin el público de a pie para el que sale a la calle a echar una buena tarde disfrutando de un buen acontecimiento. A esos les trae sin cuidado más que el presente, pero estos, a costa de empresarios sin memoria, que hoy están, mañana no, sí mantienen en la retina los momentos.

¡Perdónenme! Que les iba a contar mi viaje a ver la despedida del torero, y al final, la mente me ha jugado una mala pasada y les he hablado de la expulsión fulminante de otro torero, o más bien, «Toreri«.

Dejaremos la taberna para la semana que viene. No tengo ganas de ponerme a hablar de Hermandades que entran a formar parte de Nuestra Semana Santa, con anuncio de por medio de la Agrupación de Cofradías, sin que ellas mismas hayan dado el ok.

O ponerme a comentar el rumore, rumore, otro más hecho realidad, del amigo Herencia. Su comunicado por redes deja claro que todo es una galaxia inventada que ni el mismo George Lucas hubiera tramado como se ha hecho en la Cofradía, para en tan pocas palabras, mentir tanto.

Que si la Hermandad tal se quiere mover de día, que si la otra también… ¡Bah! Han de aceptar que se muevan donde se muevan, son las Cofradías del día que la gente descarta por ver algo más, como diría, atractivo. Que se muevan donde quieran, o donde los dejen, mañana mismo la Agrupación echa los dados y saca un comunicado… que tengan suerte en su lote.

Como les digo, mi taberna sigue abierta para todos, podemos celebrar muchísimas cosas. El domingo hay perol, lo paga Don Carlos, aunque creo que me van a acudir más nazarenos de luz y más ex-costaleros, que miembros de su ya, oficialmente, antigua cuadrilla de Santiago.

Por cierto, sobre lo que se cuece en esa casa, me encontré paseando hace un rato con un parroquiano que me dijo que andan tanteando a maestros en la faena, a herederos de raza y tronío y a algún artista conocido y consagrado, con nueva cuadrilla reciente. Y que alguna calabaza se han llevado. Pero de esto hablaremos otro día.

Un abrazo a todos mis parroquianos y perdonen la tardanza, no todo va a ser trabajar.