Muy buenas queridos/as todos/as. Bienvenidos a mi taberna una semana más. Esta semana, donde tenía previsto que no hubiera mucho movimiento de clientela, ha sido un no parar. Y esas boquitas, venga a piar, y piar, y piar… Se dieron cita en mi taberna mi amigo el capataz, «cornetín», y un nuevo amigo que les presento esta noche. Se llama Don Francisco, pero nosotros cariñosamente le llamamos «el antiguo». Él no entiende mucho de modernidades, ni siquiera los avances propios de la sociedad y sobre todo en este mundo de la Semana Santa. A él todo lo que venga de nuevas, aunque sea para una mejora sustanciosa, le suena raro, y sobre todo, mal. Aunque en su reflexión -por la que hoy aprovecho para presentarlo públicamente en mi taberna y a mis taberneros-, creo que no le falta razón.
Comentaba «el antiguo» -por otros llamado «el sabio»-, que ya «las hermandades no tienen la vida de antes, andan huérfanas durante todo el año» y que «sin vida de cofradía, haciendo caso omiso a la caridad, o al menos, al plano formativo, ausentes de actividades que no sean un arroz y unas copas, no son más que mero cauce para conseguir una túnica, un cargo donde sentirse importante durante un día al año, y salir a la calle arrasando con el pecho como un palomo de competición, sin importar nada más».
Decía el «sabio» que «son cofradías que quitan y ponen capataces, y se monta una rebelión o una fiesta, que es lo importante y que ahí sí vemos a los «hermanos» participar; amiguetes que colocan a éste o al otro sin la preparación mínima para el cargo elegido, el cargo que sea, pero, «colegueo» puro y duro. Nombramientos por los que luego se echarán las manos a la cabeza los «hermanos», y ahí, volveremos a tener movimiento en la hermandad».
Cornetín, desatado, estuvo quejándose por «el trato que se dispensa a las bandas de aquí, teniendo que aceptar los contratos fuera, siendo champions de verdad. No tanto postureo que nos venden desde fuera para hora y algo al año, teniendo aquí la Champions con mayúsculas todo el año. Volvía a tomar la palabra mi amigo el capataz, cortando el enfado de Cornetín, que se estaba preguntando, en voz alta, qué pasaría con el Tercio de la Legión el Jueves Santo y que «lo suyo sería unas buenas cornetas el Jueves y los legionarios, si eso, el Viernes si no cobran tanto, que ya está bien de tanto pagar», para comentar que «cómo es posible que el capataz más sobrevalorado de la ciudad sea echado de su propia cofradía, y sin embargo sus amigos ya lo hayan colocado con sus adoctrinados en otro palio». Yo no sé muy bien de quién hablaba, pero sospecho de uno.
«Seguro que Jesús Ortigosa, no se presentará con la fantochada de andar que nos regaló el saliente en su debut delante de la Joya de Palio de San Hipólito, que porta, quizá, la luz que más brilla en la noche cordobesa, la Madre de la Reina de los Mártires», remató, poniendo pose de pregonero… ¡Qué cosas veo y escucho en mi taberna! Luego, bajando al nivel de los mortales, comentó que el nombramiento del capataz de las «princesas del Cerro debe estar al caer, como lo de Vidal en el palio del Rosario».
Y siguió diciendo que «es verdad que lo del Cerro se está retrasando más de lo que se esperaba porque algunos han dicho que no y otros no han dicho ni que sí ni que no», y que «también hay alguno a quien que dicen que han llamado y no le han llamado, que lo sé yo», pero que ahora «la terna ha quedado reducida a uno o dos, según a quien le preguntes», aunque «uno es el claro favorito», que «menos mal que está acostumbrado al tema taurino porque aquella es una plaza en la que no es nada fácil lidiar» (aquí reconozco que me perdí un poco), «aunque ya veremos qué decide la junta de gobierno», terminó su comentario. «Y luego está lo del capataz de la Virgen de Puerta Nueva, que a mí me lo tienen que explicar… ¿otro? ¿para qué quieren tantos capataces?», preguntó sin obtener respuesta de nadie. Se ve que ya estaba todo el mundo un poco cansado del tema «fichajes».
Y así ha sido esta semana, de un lado a otro, un no parar. Yo ya no sé si por estar pendiente de tanto cliente, estoy dando bien ni las vueltas, o las vueltas me las están cogiendo a mí. Os dejo, que esta noche se presenta también fuerte, he de descansar algo para estar al ciento por ciento, ya no solo les debo mi lealtad a mi clientela selecta, sino, a todos vosotros, aunque poco me estáis visitando la taberna alguno, que siempre me vienen los mismos.





