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Córdoba, Costal, El suspiro del Ángel, Opinión

Llamadores en el aire

Suspira el querubín, sobrevolando deseos de buena voluntad y villancicos que se reproducen por los rincones de las ilusiones adormecidas y se entremezclan con rumores que hablan de sillas que otros mueven y llamadores que se encuentran en el aire. Suspira porque sabe que el año que se avecina traerá movimientos y traslados que ya se están fraguando aunque algunos sean más fruto del deseo que realidades.

Suspira el ángel avergonzado por quienes usan el poder que se deriva del sudor, el costal y la trabajadera, para propiciar un relevo donde antes de ayer a punto estuvo de haber un relevo. Suspira convencido de que quien sus fuerzas mide en las barras de taberna y en los mentideros de las redes, y advierten antes de abandonar el grupo, pretenden que lo que se está intentando construir no llegue a tener un buen fin.

Suspira el serafín esperando que cuando haya por fin que elegir se alcance la estabilidad soñada y se comience a sembrar la semilla que logre que el sol triunfe y el viento se lleve la tormenta. Suspira expectante por saber quién de los dos postulantes será el elegido para guiar el palio sin mácula y por comprobar si los nuevos tiempos que se avecinan serán en verdad una balsa de aceite o una freidora descontrolada.

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