Los artesanos | Agosto: el único mes en el que el arte sacro se quita la careta

Con la llegada del calor y el éxodo a la playa, todo lo que rodea al arte sacro entra en parada técnica. Se cierran las casas de hermandad, se acabó el trasiego de reuniones y, sobre todo, se apagan los focos. Para los que trabajamos esto, el verano es otra historia. Es el único momento en el que, por fin, se puede trabajar sin tener a nadie respirándote en la nuca.

Para los que nos dedicamos a esto, el verano es cuando el taller se vuelve un sitio decente. No es que seamos unos santos ni que nos guste más el calor que a nadie, es que el resto del año esto es un circo. Entre fechas señaladas, plazos imposibles y tanto experto de barra de bar opinando sobre lo que no conoce, el trabajo se vuelve una carrera de obstáculos. Pero llega julio, la gente se va, y de repente, el taller respira.

Es un alivio trabajar sin la presión de la foto de turno, sin la urgencia de quedar bien para la próxima Cuaresma y sin tener que aguantar a tanto «asesor» improvisado. Es en este sosiego donde se nota quién sabe realmente lo que tiene entre manos y quién vive del escaparate. Porque cuando se acaba el ruido de las Juntas y la «bulla» desaparece, te quedas a solas con lo que estás haciendo. Y ahí es cuando la verdad sale a relucir.

No somos los únicos que trabajamos en estas fechas, ni vamos dando lecciones a nadie. Pero sí que es verdad que el verano te quita las caretas. Hay quien se pierde sin la palmada en la espalda y quien, sin las cámaras cerca, se siente por fin libre para dedicarse a lo único que debería importar: el trabajo bien hecho, sin prisas y sin tener que vender nada a nadie.

Al final, este parón veraniego nos viene de perlas. Nos permite bajar el estrés, trabajar con un sosiego que no conoces el resto del año y, sobre todo, pasar de todo ese teatro institucional que tanto desgasta. Sin público que aplauda y sin críticos de salón, nos quedamos con lo que realmente cuenta: la tranquilidad de hacer las cosas sin que nadie te esté metiendo prisa por encima. Que siga la playa, que nosotros, mientras tanto, seguiremos aquí, a lo nuestro.