El Cirineo, 💙 Opinión

Los martillos… ¡ay, los martillos!

Hace unas semanas, en plena vorágine de un proceso electoral que tenía lugar en el seno de una importante hermandad sevillana, un amigo, miembro de la corporación, me comentó que en su hermandad siempre había existido una máxima respetada hasta entonces, que consistía en que si el hermano mayor se presentaba a la reelección, se le respetaba y no se montaba una candidatura diferente salvo que realmente representase una alternativa real más allá de los nombres utilizados para repartir cargos y carguillos, en ocasiones de manera obscena. “Si no se va a presentar un proyecto netamente distinto, es mejor echarse a un lado y esperar a la siguiente oportunidad, por el bien de la hermandad”, decía mi amigo. Y añadía que “lo contrario, sólo puede interpretarse como un afán de notoriedad, un deseo exacerbado de alcanzar la poltrona, al precio que sea y provocando un daño incalculable, y el ansía de alcanzar los auténticos objetivos ocultos que siempre subyacen en empresas de esta calaña”. Y creo que no le faltaba razón.

Algo así ha ocurrido en una hermandad cordobesa, la hermandad de Jesús Caído, inmersa en un proceso electoral en el que concurren dos candidaturas, la encabezada por el actual hermano mayor, Juan Rafael Cabezas, y el aspirante, Sergio Domínguez. Un proceso que terminará el próximo 18 de septiembre con la celebración de un cabildo de elecciones en el que los hermanos de la corporación de San Cayetano deberán elegir entre dos personas y quienes les acompañan. Digo entre dos personas y, por consiguiente, dos maneras de ser, pensar y proceder –algo que imagino que conocerán los hermanos- toda vez que no se aprecian diferencias significativas entre ambos proyectos. Reformar la capilla de Jesús Caído y el paso de palio son los elementos más significativos que avalan esta teoría. A ver quién es el guapo que es capaz de encontrar diferencias de calado entre lo que defiende cada uno de ellos. Más allá de matices, los dos candidatos han ido desgranando sus proyectos, parecidos como dos gotas de agua, lo que ha hecho preguntarse a más de uno, si, en estas condiciones, era necesario dividir a la hermandad y provocar una lucha de consecuencias impredecibles por el poder, si el proyecto que se ofrece es tan similar al que presenta el actual hermano mayor. Una lucha fratricida -valga la expresión- que ya ha tenido algún episodio manifiestamente mejorable, como el propiciado a cuenta de las subvenciones de la Junta de Andalucía para la conservación y restauración de bienes muebles con un cruce de comunicados que, en opinión de quien les habla, jamás se debió producir.

Porque, tal vez desde la ingenuidad de quien ve los toros desde la barrera (no me dirán que no está bien traído considerando la hermandad de la que se trata)… ¿la gestión del actual hermano mayor es tan censurable, ha estado plagada de tantos errores imperdonables, como para que sea imprescindible sacarlo de ahí? ¿O existen otras motivaciones? Yo no soy consciente de que la hermandad haya sido un desastre en estos últimos cuatro años, sobre todo observando ciertas barbaridades perpetradas en otras hermandades cordobesas, convertidas en hazmerreir de los cofrades normales en los últimos tiempos a causa de sus continuas barrabasadas y escándalos. No digo que no haya habido algún error –Dios nos salve de quienes se consideran perfectos-, pero, ¿la gestión del hermano mayor, a quien no tengo el gusto de conocer, ha sido una calamidad como para presentar una candidatura alternativa construida más sobre nombres que sobre un proyecto netamente distinto?

Lo hemos visto muchas veces, por desgracia. Una hermandad se rompe en dos por culpa de unas elecciones en las que lo único que se dilucida es quien manda. Porque de eso se trata en estos casos, de saber quién va a mandar en la hermandad –en ocasiones una figura distinta del propio hermano mayor-, con todo lo que eso conlleva, reparto de poder entre quienes forman parte de la candidatura y, en última instancia, de quiénes van a ocupar los puestos de libre designación por los que algunos suspiran y parecen estar dispuestos a vender a su propia madre: priostes, vestidores y, por supuesto, capataces… ¡Ay, los martillos!, oscuro objeto de deseo, capaz de provocar en algunas hermandades auténticas y bochornosas batallas campales, luchas miserables que terminan enfrentando a amigos de siempre, hermanos de antaño, convertidos en enemigos para que unos pocos alimenten su ego y satisfagan sus caprichos más despreciables, en tanto en cuanto se intentan materializar al precio que sea. Algunos no podrán creer que un grupo de hermanos sea capaz de montar una candidatura solamente para cambiar a los capataces, pero lo ocurrido en algunas hermandades se empeña en demostrar lo contrario. Hay quien es capaz de fracturar una hermandad por un llamador, por increíble que pueda parecer.

¿Es esta la verdadera motivación que subyace en la candidatura alternativa conformada alrededor de Sergio Domínguez? Algunos dicen que solamente así se explica que su proyecto sea tan similar al del actual hermano mayor. Yo no lo sé. Les aseguro que hubiese querido solventar esta duda, pero el candidato ha declinado la posibilidad de ser entrevistado en persona –sí quiso hacerlo por cuestionario-, tal vez consciente de que esa hubiese sido una de las preguntas y que se insistiría sobre el asunto, y sospecho que asesorado por el mismo individuo que ha censurado al medio que dirijo durante cuatro años y ha intentado, sin éxito, seguir haciéndolo en la actualidad. Una duda que sigue latente y que, en mi opinión, no ha sido, en modo alguno, solventada con las tibias respuestas dadas hasta el momento por el candidato cuando ha sido cuestionado sobre el particular. “Esta candidatura no se presenta por bandas ni capataces”… sólo faltaría que un candidato reconociese públicamente que presenta una candidatura por eso, ¿verdad?. Las preguntas son: ¿Puede garantizar que si obtiene el respaldo mayoritario de sus hermanos los capataces de la cofradía seguirán siendo los mismos durante todo su mandato? ¿Habrá cambios en las bandas de la cofradía mientras sea usted hermano mayor? ¿Le da usted su palabra a sus hermanos de que no habrá cambios en llamadores y bandas? Yo, si fuese hermano, querría saberlo, no sé ustedes.

Tengo el convencimiento de que un candidato alrededor de cuyo proyecto existen dudas acerca de estos asuntos debería ser absolutamente contundente para que los hermanos de la hermandad voten con plena certeza de las intenciones que se tienen. No presentar una candidatura por bandas ni capataces, e incluso afirmar que se está contento con ellos no significa, en absoluto, que no se vayan a cambiar a posteriori, el primer año o tal vez al segundo. Que pregunten en la Estrella, por poner un ejemplo cercano en el tiempo. Yo, particularmente, no tengo ni la más remota idea de si existe esta intención o no, de ahí que quisiera haberlo preguntado, pero lo que resulta innegable es que el asunto está en la calle, en los comentarios de muchos… y creo que estas cosas conviene aclararlas para que queden meridianamente claras y no exista al respecto ningún género de duda. Vaya a ser que luego algún hermano pueda decir que ha votado engañado. Solamente con un pronunciamiento claro quedan disipadas todas las dudas. Es fácil: ¿Se cuenta con los mismos capataces para los cuatro años de mandato? ¿Se cuenta con las mismas bandas para los cuatro años de mandato? En ambos casos sólo caben dos respuestas: sí o no. Las respuestas tibias solo alimentan la especulación y la rumorología, la misma que afirma que ya se ha contactado con más de un capataz de Córdoba y que alguno ha declinado la oferta. Comentarios que considero absurdo dejar que se multipliquen si se pueden atajar con una respuesta contundente… ¿ustedes qué opinan?

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