Los obispos catalanes han defendido este domingo que «hace falta encontrar una salida pacífica y democrática a la situación que se está viviendo» en Cataluña, a través de un comunicado consensuado por la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET), que agrupa a los diez obispados y arzobispados catalanes. «La situación de violencia que se vive hoy en Cataluña es deplorable», ha lamentado el presidente de la CET, Jaume Pujol, en una misiva en la que ha pedido pararla y a la que se ha sumado en otro comunicado el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella.
Los representantes de todos los catalanes, los independentistas y los que no lo son, han pedido «diálogo y plegaria» y han encomendado la situación al ‘Dios de la Paz’, en un posicionamiento que coincide éste domingo con la jornada del referéndum, en la que se han producido cargas policiales con 465 heridos. Unas manifestaciones que se producen tras la actitud partidista del obispo de Solsona, Xavier Novell, alentando a la población a sumarse al referéndum ilegal y presumiendo públicamente de participar en él, papeleta en mano, evitando en todo momento condenar la rebelión independentista.
El comunicado no rechaza el referéndum ilegal y, sin embargo, ataca la intervención de las fuerzas de seguridad del Estad, Policía Nacional y la Guardia Civil, que tuvieron que enfrentarse a quienes incumplieron las órdenes judiciales y se acantonaron en sedes abiertas como ilegales colegios electorales y a la inacción de la policía autonómica catalana. «La situación de violencia que se vive hoy en Cataluña es deplorable. Es necesario que se detenga ya la violencia y los enfrentamientos. Hay que encontrar una salida pacífica y democrática» han dicho los obispos, asumiendo las tesis independentistas sin cortapisa alguna y dando de lado a los miles de catalanes, minoría o no, que una vez más se sientes desamparados por la iglesia a la que pertenecen, como durante décadas ocurriese en el País Vasco.
Las declaraciones han sido inequívocas en las últimas horas. El obispo de Gerona, Francesc Pardo, ha apuntado directamente contra el Estado de Derecho al afirmar que «hay que condenar la violencia que sufre el pueblo de Cataluña», denominando «resistencia» al golpe independentista, y «violencia» el uso legítimo de las medidas coercitivas del Estado de Derecho. Por su parte Xavier Novell ha llegado a citar a Juan Pablo II para defender la rebelión del independentismo catalán contra el Estado de Derecho, catalogando como héroes a los presidentes del Parlamento catalán y la Generalitat, los consejeros y muchos diputados, alcaldes y altos cargos de la Generalitat que «están arriesgando su libertad, carrera y patrimonio, para ofrecernos, por primera vez en la historia».
También el abad de Montserrat, José María Soler, se ha sumado a la propaganda piropeando y catalogando de pacíficos a los que han participado activamente en la rebelión y tachando de violentos a quienes han actuado contra la ilegalidad desde el Estado de Derecho. Una posición que contrasta con las declaraciones del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que ha manifestado que «la patria está en peligro». Posiciones divergentes que evidencian que la iglesia está tan dividida y enfrentada como la sociedad catalana.





