Durante los años sesenta tuvo lugar una profunda restauración de la María Santísima de la Candelaria, titular mariana de la corporación con sede en San Nicolás. La junta de gobierno fue la encargada de contactar con Antonio J. Duqué de Luque, pues la talla presentaba sobre todo en el rostro unos desperfectos que preocupaban a los hermanos. Estos eran sobre todo apreciables alrededor de la boca y en los párpados.
Dubé de Luque llevó a cabo esta remodelación en las dependencias del templo de San Nicolás, justo encima de un cuarto situado sobre la pila bautismal. Los trabajos de restauración se alargaron durante semanas, procediendo también a sustituir las pestañas nuevas por unas postizas que llegaron desde Nueva York. Las labores consistieron principalmente en reponer la policromía y retocar la encarnadura de la imagen, lo que provocó sustancialmente la fisonomía de la talla, dando como resultado la Virgen que hoy en día conocemos. La cuantía ascendió a cuatro mil pesetas, por aquel año de 1967.
Así pues, una de las grandes novedades de la Semana Santa del año siguiente sería el nuevo aspecto de la dolorosa de la Candelaria. El Martes Santo de 1968, además, el palio salió liso debido a que estaba pasándose a nuevo terciopelo el bordado de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, de 1924.





