Málaga

Memorias de la Magna de Málaga: Los Dolores de San Juan y el culmen de la elegancia

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Uno de los acontecimientos cofrades más importantes de la década ha sido, sin duda, la Magna celebrada en Málaga capital con motivo del centenario de la Agrupación de Cofradías, que ha puesto en la calle a dieciséis hermandades y sus respectivos tronos, citando a gran cantidad de cofrades en la Capital de la Costa del Sol. Todo ello tras la desoladora época de la pandemia, algo que parece que comenzamos a superar por fortuna. Por ello, desde este portal nos hemos propuesto rescatar momentos de especial relevancia y belleza plástica -por un motivo u otro- a través de vídeos, haciendo una sección específica para ello. Sin ánimo de extendernos en demasía, se trata de ofrecer pinceladas de las maravillas que nos dejó la Magna malagueña.

Uno de los secretos que encierra la Semana Santa de prácticamente cualquier lugar es la existencia de claros contrastes en lo que respecta a la salida procesional de las cofradías, es decir, la puesta en escena de las mismas en la calle. Unas, alojadas en el bullicio, la algarabía, el regocijo; otras, cuya idiosincrasia refleja la austeridad, la sobriedad, el carácter fúnebre de las mismas. Dos caras de una misma moneda que se necesitan y retroalimentan mutuamente, toda vez que entender la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo prácticamente requiere de este contraste de lo austero al júbilo.

En la curva de la Calle Cisneros llegaba ese punto del atardecer en el que la luz de la candelería comienza a hacerse notar tibiamente. Por allí transitaba el sobrio y elegante trono de la Virgen de los Dolores de San Juan, cuya procesión era una de las más esperadas amén de la novedad de incluir acompañamiento musical tras la bellísima dolorosa atribuida al círculo de los Asensio de la Cerda allá por el siglo XVIII, ya que, si bien el Viernes Santo procesiona sin acompañamiento musical, los hermanos decidieron que para esta ocasión extraordinaria se contara con una formación musical de primer nivel, la Banda Sinfónica del Liceo de Moguer, una formación que ofrece una categoría indiscutible en todas y cada una de las actuaciones que ofrece. Días antes de la salida procesional, se hacía público la selección de marchas que brindarían el color musical al transitar del trono de los Dolores de San Juan. Una exquisita selección de piezas musicales que, además, era numerosa y variada sin desviarse ni un adarme del carácter sobrio y de recogimiento de la cofradía malagueña, incluyendo auténticas perlas que, por desgracia, resulta extraño escuchar en Semana Santa.

En el mencionado enclave, sonaba una de estas perlas: «Cristo de la Sangre«, del legendario músico Emilio Cebrián, que vino a ser el contrapunto sonoro ideal para el transitar de la dolorosa de San Juan por las calles malagueñas. Cuenta una conocida leyenda que el gran músico Stravinsky cuando visitó Sevilla en Semana Santa en la década de los años veinte y escuchó la marcha «Soleá dame la Mano» de Font de Anta, afirmó: “estoy escuchando lo que veo, y estoy viendo lo que escucho”. Pues exactamente eso sucede cuando el majestuoso trono malagueño navega entre la multitud de Cisneros, sobrecogida por la sonoridad y el recogimiento de la marcha de Cebrián.

Se esperaba con ilusión, y no defraudó, el procesionar de la Virgen de los Dolores sobre su elegante palio, coronado por una cuidada crestería de plata. La selección de marchas de la cruceta de la Magna debería servir de modelo a muchas hermandades a lo largo y ancho de la geografía en lo que respecta al mimo, cuidado y respeto por la idiosincrasia de una cofradía fúnebre, que no pierde ni un ápice de sobriedad por contar con los servicios de una banda de música que, además, en el caso de la formación onubense, se trata de una de las que más dedicación y sacrificio dedica por cuidar su repertorio así como la interpretación del mismo. En definitiva, fue algo extraordinario, en todos los posibles sentidos del término.