Son muchos quienes opinan que la historia es cíclica y que los seres humanos somos los únicos animales que tropezamos una y otra vez en la misma piedra. Una reiteración que suele descansar en la ignorancia, la misma que evidencia la máxima de que quienes desconocen su historia están condenados a repetirla. La fotografía que ilustra este artículo es una prueba fehaciente de que el punto en el que nos hallamos se ha vivido con anterioridad en este país. El anticlericalismo y la aversión por las cofradías no es un fenómeno de nueva creación.
En el primer tercio del siglo XX era relativamente común encontrar las paredes de Sevilla cuajadas de pintadas como las que mancillan la tapia que protagoniza la imagen, en concreto el Muro de los Navarros. Pintadas de índole política y social con una marcada orientación a la extrema izquierda que durante décadas pretendimos erradicadas para siempre pero la tozuda realidad ha vuelto a poner encima de la mesa.
La imagen se corresponde con una de las calles que conforman esa zona de Sevilla que llegó a llamarse Sevilla la Roja, conformada por San Julián, San Marcos, La Macarena, Feria, Santa Marina y Omnium Santorum, tristemente famosa por la reacción furibunda del espectro de extrema izquierda de la ciudadanía hispalense que derivó en la quema de iglesias y la destrucción de gran parte del patrimonio artístico e histórico, imágenes devocionales incluidas, en los ataques irracionales de 1936, aunque también se produjeron con anterioridad -pregunten en la Hiniesta-. Hoy en día hay quien sigue cuestionando por qué en 1932 las cofradías sevillanas decidieron no salir a la calle, a excepción de La Estrella y las acusan de «boicotear a la República». Ustedes me contarán si en semejantes circunstancias las hermandades hacían bien en temer por su seguridad.
Una imagen que vale más que mil palabras en la que se puede leer «Fuera Fascistas. No queremos Semana Santa», junto con otras consignas y símbolos comunistas y que hace remover conciencias y preguntarse en voz alta, a la vista de los acontecimientos que se vienen produciendo cada vez con mayor frecuencia en los últimos años, y la proliferación de ciertas voces que identifican irresponsablemente a la Semana Santa con el fscismo, cómo de cerca nos encontramos de que esta tragedia pueda volver a repetirse o, como muchos vaticinaban -errando- en aquella época, seguimos pensando que es imposible que ocurran. ¿Ustedes qué opinan?





