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Córdoba, Internacional, 💚 El Rincón de la Memoria

Pablo García Baena y el puesto de la Virgen de los Dolores en el Viernes Santo

El pasado 20 de abril el poeta Pablo García Baena fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca en un emocionante acto en el que se autodefinió como «mendigo de las palabras» y manifestó sentirse «humilde» como alguien que llega a la puerta «renaciente». En su discurso repasó los versos de Luis de Góngora, a quien considera «su padre poético», y recorrió metafóricamente las calles, parajes y monumentos de su ciudad natal, Córdoba, a la que comparó con Salamanca, «ciudad de oro». Y es que Pablo García Baena es un personaje insustituible e irrepetible cuya obra e influencia ha logrado dejar su impronta en múltiples facetas de la sociedad con la que ha coexistido; también la cofrade.

Corría el año de 1979 cuando la conocida y anual publicación denominada Alto Guadalquivir hacía llegar al lector cordobés las sabias y sentadas palabras del querido poeta, Pablo García Baena. En su esmerado artículo, el escritor comenzaba recordando otro texto titulado “La Virgen de los Dolores en la procesión del Santo Entierro – publicado en la ya entonces también desaparecida “Hoja del Lunes” – al que en su momento diese forma el cronista José María Rey Díaz. Esto llevaba a García Baena a una inevitable comparativa entre el pasado y el presente de aquel entonces que, a su vez, condujo al célebre cordobés a reflexionar sobre la denominada “excelente reforma que la Agrupación de Cofradías inició el pasado año con otras hermandades”, pues en los últimos tiempos, las procesiones del Viernes Santo se habían visto “deslucidas” hasta el punto de no encontrar correspondencia “con la grandeza única de esa tarde si no estuvieran iluminadas por la ternura pálida y enlutada de la Virgen de los Dolores”.

Sin embargo, esa revitalización a la que el poeta hacía alusión había llegado de la mano de la reciente incorporación de la “nueva congregación franciscana de la Soledad” – fundada en 1975 en la céntrica Parroquia de San Miguel – con quien se incrementó el número de hermandades que hacían estación de penitencia en la significativa jornada del Viernes Santo. Resulta particularmente curioso el artículo de García Baena no solo por sus sentidos y coherentes comentarios, sino también por la atención prestada a la cofradía de Santiago que, en diciembre de ese mismo año, sería pasto del famoso incendio que afectó a los pasos de la Hermandad de las Penas y también a la bella dolorosa de Álvarez Duarte – que sería restaurada por el propio imaginero, oscureciendo en el proceso la piel de la Santísima Virgen, con lo que nos encontramos ante una fotografía de la Soledad antes de esa modificación – e incentivaría el consiguiente traslado de todas las tallas residentes en la Iglesia de Santiago mientras esta era sometida a una más que necesaria rehabilitación.

Entretanto y como veníamos diciendo, el Viernes Santo cordobés contaba con la presencia de cofradías como la de la Expiración “con su silenciosa comitiva penitencial” – que había regresado a su antiguo día de salida –, la del Descendimiento y, por supuesto, la antigua corporación del Santo Sepulcro, “de la antigua hermandad de los escribanos” que, por su parte, “se verá acompañada por la nueva imagen de Nuestra Señora del Desconsuelo”, realizada en torno a 1977, también por Álvarez Duarte, y que, a pesar de las expectativas que cabía albergar de conformidad con las declaraciones de Pablo García Baena, no sería hasta 1995 cuando la titular del Santo Sepulcro realizase su primera estación de penitencia y suscitando la sorpresa y admiración del pueblo cordobés, que observaban por primera vez una inédita estampa en la que la hermosa Virgen aparecía acompañada no solo por San Juan, sino también por María Magdalena bajo un palio que cambiaba los típicos bordados por las aplicaciones de alpaca cincelada.

No obstante y a pesar de la evolución puesta de manifiesto, el escritor llamaba la atención sobre “un problema” que, a su parecer se había ido “soslayando durante años y que mientras no se solucione, dejará incompletas no sólo las procesiones de ese día, toda la Semana Santa cordobesa y éste es el puesto que ha de ocupar el paso de la Virgen de los Dolores en el doliente cortejo, y que no puede ser otro que el humanísimo y lógico: la Madre sola tras el Hijo muerto”.

Con esa rotunda afirmación, el poeta regresaba a la idea inicial que partía del artículo de Rey Díaz. De este modo, “con abundante documentación de archivos, consultados los protocolos del Ayuntamiento sobre la colocación de pasos en la procesión oficial del Entierro, teniendo en cuenta la centenaria tradición y el sentir unánime de generaciones de fieles, el cronista demuestra de manera tajante lo que ya sabíamos por el cariño: No puede ser otra que nuestra Reina afligida de los Dolores la que termine el fúnebre ceremonial del Viernes Santo, acompañada por el rezo y la súplica de los cordobeses”, aunque en la actualidad, esa necesidad expuesta por García Baena esté muy lejos de lo factible, no solo por el orden establecido en el Viernes Santo sino por la pérdida del recogimiento y la religiosidad propia de la Córdoba de años pretéritos.

Recordaba el cordobés una vez más las palabras de Rey Díaz, quien aseguraba que “podrá haber otras Soledades, como la de San Cayetano que acompaña a Jesús Caído; pero en la procesión del Santo Entierro, la Soledad no es otra imagen sino la de la dolorida Señora que habita en el Hospital de Incurables de la plazuela de Capuchinos”.

Cabe destacar asimismo la percepción de Pablo García Baena, que ya en 1979 se percataba de la imitación de otras costumbres ajenas a la ciudad califal que, aun siendo de “indudable valor […] no van con la pura norma de la cordobesía”.

Así y todo, no dejaba de ser consciente de los obstáculos que la recuperación de esa memorable tradición entrañaba, entre las que consideraba al magnífico Cristo de la Clemencia entre otros factores que no llegó a explicitar. “Pero con la buena voluntad de todos las soluciones serán múltiples y oportunas. La Semana Santa cordobesa habrá vuelto a recobrar la clave de su personalidad, el vivo realismo amargo del Stabat Mater. Y a la Virgen de los Dolores se le devolverá el puesto que arbitrariamente se le negó un día, aunque para su pueblo fiel seguirá siendo siempre la Madre”.

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