Recuerdos de una bendición

Suele ser lo habitual que las grandes devociones y las hermandades más longevas sean las que se erijan como protagonistas absolutas del panorama cofrade cordobés, captando la atención de nuestra comunidad con todo tipo de documentos – a veces redactados con elaborada y casi ilegible letra – y las fotografías impresas en ese blanco y negro que tan atractivo resulta a nuestra insaciable curiosidad.

Sin embargo, el tiempo pasa inexorablemente para todos sin distinciones de ninguna clase, haciendo que las que con frecuencia denominamos “cofradías jóvenes” ya no lo sean tanto, dejando ese apelativo para otras de historia aún más reciente y convirtiéndose poco a poco en un ejemplo de superación y desafío a las vicisitudes que la vida misma se encarga de ir colocando en el camino.

Esa misma sensación es la que ha debido de embargar a los miembros de la Hermandad de la Estrella desde que comenzasen a organizar los actos conmemorativos del XXV Aniversario de su titular cristífero, Nuestro Padre Jesús de la Redención, especialmente tras la histórica jornada vivida el pasado sábado 4 de marzo, durante la que la que la dulce imagen del Señor acaparó todas las miradas tras haber sido elegido para presidir el célebre Vía Crucis de las hermandades en el incomparable escenario de la Catedral.

Así pues, la ilusionante conmemoración que la corporación de la Huerta de la Reina ya ha comenzado a vivir, hace imprescindible una vista atrás que sirva para rememorar los antecedentes que hicieron de antesala para la ansiada llegada de Nuestro Padre Jesús de la Redención.

Tal y como ya recordábamos en anteriores publicaciones de Gente de Paz, la Hermandad de la Estrella – que se gestó en la Parroquia de San Juan y Todos los Santos en el año 1981 – comenzó su andanza con considerables dificultades que se fueron resolviendo poco a poco. Ese futuro alentador llegaría, en primer lugar, con la búsqueda de una nueva sede que sirviera para que la cofradía encontrase el respaldo de toda una feligresía – hecho que se consumó al establecerse definitivamente en la Parroquia de San Fernando en 1987 – y la incorporación de unos nuevos titulares con los que se daría un nuevo impulso a la vida de la corporación.

De acuerdo con esa idea, la Hermandad de la Estrella ya había encargado en 1986 la hechura de su bella dolorosa al conocido imaginero Juan Ventura. No obstante, la imagen del Señor no llegaría hasta un tiempo después y tras descartar finalmente al artista sevillano como posible artífice de la talla de su titular cristífero. Tras esa decisión, dicha responsabilidad caía entonces en las manos de Miguel Ángel González Jurado en el año 1991, pues para entonces la corporación ya había tenido la ocasión de contemplar con admiración el modelado en barro que el cordobés había realizado previamente y que tanto le sirvió como carta de presentación.

Fotografía Hermandad de la Estrella

En este contexto, la hermosa y conmovedora imagen de Nuestro Padre Jesús de la Redención quedaba concluida en la Cuaresma de 1992, dando pie con ello al pertinente y emotivo acto bendición de la talla, celebrado el domingo 5 de abril de ese mismo año de la que la prensa no dudó en hacerse eco como podemos apreciar por el recorte que ilustra este artículo y en el que ya se anunciaba el futuro misterio que conformaría la escena junto a la obra de González Jurado, una fecha de la que ayer mismo se conversó en nuestro querido Paso a Paso, como recordaba esta misma mañana nuestro compañero Rafael Fernández. Así, la recordada ceremonia de la que ahora se cumplen 25 años tuvo lugar en la Parroquia de San Fernando, actual sede de la corporación del Lunes Santo, y fue oficiada por el popular sacerdote Antonio Evans Martos en la compañía de José Luis Sánchez Garrido, quienes fueran párroco de la mencionada iglesia y director espiritual de la hermandad respectivamente.

Con esto se materializaba al fin el sueño no solo de los miembros de la Cofradía de la Estrella, sino también el de todo un barrio que acogió con todo su cariño y muchas esperanzas a la entonces joven corporación procedente de la Trinidad, que llegaba en busca del calor de una feligresía y con grandes proyectos llamados a participar del renacimiento de nuestra Semana Santa, renovando y enriqueciendo aún más el valioso patrimonio del que tan orgulloso puede sentirse el pueblo cordobés.