Reflexiones heterodoxas | El 8 de septiembre: una celebración mariana por excelencia

Como viene siendo tradicional, este fin de semana Córdoba celebra su Velá de la Fuensanta, teniendo como epicentro la procesión con la imagen de la Copatrona de la ciudad, desde la Catedral hasta su Santuario en el corazón del barrio al que le da nombre, que tendrá lugar el próximo domingo día 7 y el encuentro con todos quienes quieran ir a visitar a la Virgen el lunes 8, día en el que se conmemora el anuncio a un ermitaño, del desaparecido convento de la Albayda, de la existencia de la venerada imagen en el interior del cabrahígo, de cuya base manaban las aguas que provocaban las sanaciones milagrosas, siendo este el origen de esta advocación y devoción tan cordobesa.

Sin embargo, el 8 de septiembre es una de esas fechas en las que son numerosísimas las localidades, hablo sólo de España, en la que se celebra la festividad de la patrona o de una imagen mariana de gran devoción. En concreto, el santoral católico establece que es la solemnidad de la Natividad de la bienaventurada Virgen María, sin embargo, tal celebración, al igual que ocurre con la de la Asunción de la Virgen, da cabida y día a la fiesta de numerosas advocaciones y devociones marianas muchas de ellas, no todas, surgidas tras la aparición milagrosa, invención en el lenguaje antiguo, de una talla de Nuestra Señora. La casuística es muy parecida: normalmente las imágenes aparecen dentro del tronco, al lado o en la copa de un árbol, habiendo sido allí depositadas para evitar su profanación. Otro elemento concomitante, es la aparición o el encuentro a un pastor o persona humilde, en nuestro caso aparecen ligados un hortelano y un humilde fraile aquejado de hidropesía. En el caso de la localidad valenciana de Algemesí, aparece en el tronco de una morera. En esta población es venerada bajo la advocación de la Mare de Déu de la Salut. En este caso, al igual que ocurre con la cordobesa Virgen de Villaviciosa, la imagen es la que indica dónde quiere ser venerada, pues la trasladan del lugar donde aparece y, milagrosamente, vuelve al mismo, indicando de este modo su voluntad. En el, también valenciano, municipio de Alfara de la Baronía, se venera a la Virgen de los Afligidos, que acude en ayuda de un pastor cuyo rebaño se encontraba acosado por los lobos.  Esto mismo ocurre con la Mare de Déu de Montiel, patrona de Benaguasil (Valencia), donde un pastor trashumante, se encontró la talla mariana escondida por un cristiano viejo en una cueva. Algo parecido con la Mare de Déu de Sales, encontrada por un campesino, ante la que se arrodillaron los bueyes con que araba. Como podemos comprobar, el modelo suele repetirse con independencia de fechas y lugares.

Los higos chumbos forman parte del paisaje propio de la Velá de la Fuensanta. Foto: PacoRomán

Veamos dos de las advocaciones de más arraigo en la geografía hispana que celebran el 8 de septiembre su día grande. Podemos comenzar por Consolación. El nombre proviene del latín: Mater Consolationis, «Madre de la Consolación», o también Consolatrix afflictorum, «Consoladora de los afligidos». Para no ser prolijo, destaco el caso de Utrera (Sevilla), en esta población las semejanzas con nuestra Fuensanta son notables en lo que se refiere a la expresión de la devoción, por tener, cuentan con un pozo de aguas milagrosas, cientos de exvotos y tablillas con milagros, así como con un caimán.

La advocación de Nuestra Señora del Valle es común en España e Hispanoamérica, de donde es originaria. Fue llevada por los españoles en 1530 al territorio Nueva Cádiz, en la actual Venezuela. Tras el ciclón que azotó a esta comarca en 1542, fue trasladada hasta el Valle del Espíritu Santo en la Isla de Margarita, donde aún permanece, en un santuario construido en su honor. En nuestro país existiendo imágenes y ermitas en numerosísimos lugares tales como: Écija (Sevilla), Ceuta, Jerez de la Frontera, Santaella (Córdoba), Sevilla o Lucena (Córdoba).

Por otra parte, dos comunidades autónomas, junto con una isla y una ciudad autónoma celebran su festividad regional el 8 de septiembre. Se trata del Principado de Asturias, Extremadura, la isla de Gran Canaria y Melilla. ¿Qué celebra cada una de las comunidades? El Principado de Asturias conmemora su día de la comunidad, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Covadonga o La Santina, su patrona. Igual ocurre con la comunidad extremeña, que hace coincidir su día grande con la conmemoración de su patrona, la Virgen de Guadalupe. Por su parte, en la isla de Gran Canaria se celebra a Nuestra Señora del Pino, en el municipio de Teror. Esta misma advocación la encontramos también en la localidad onubense de Niebla. Por último, en Melilla celebran a Nuestra Señora Virgen de la Victoria, patrona de Málaga y la propia ciudad autónoma.  

Portada del folleto del programa de actividades de la Velá de 1983, publicado por el Ayuntamiento, obra de Miguel Cosano. Archivo de Francisco Román Morales

Como hemos podido comprobar, la lista es grande y prolija, pero volviendo a nuestra ciudad, quiero volver a incidir en la festividad de Nuestra Señora de la Fuensanta, una tradición que, gracias a Dios, parece volver a sus orígenes religiosos, habiendo dejado de lado la nefasta gestión llevada a cabo por el Consejo de Distrito de la zona que, en sus delirios transformadores, promovió la celebración de la Velá para cuestiones tan variopintas y fuera de lugar como las siguientes: “Con los jóvenes y por el desarrollo cultural como motor de empleo” (2005), “Por el desarrollo social y económico de Córdoba” (2006), “El río testigo entre culturas” (2007), “Vecinos del mundo por la interculturalidad” (2008) En 2009 estuvo dedicada a celebrar “el año de la astronomía”. “Contra la pobreza y la exclusión” (2010) En 2013 se dedicó la Velá a “Velar por la participación” –ciudadana, se entiende-, y en 2016 a los “Refugiados del mundo sin fronteras”. La cosa se comenta por sí sola. Si al menos hubieran propuesto celebrar una misa o rezar un santo rosario por tales aspiraciones, todavía, pero ¡no!. 

En cualquier caso, yo me quedo con el recuerdo del olor a tierra húmeda y a hierba fresca de aquellas las mañanas septembrinas de la infancia, en las que la tradición familiar marcaba realizar la preceptiva visita a la Copatrona de la ciudad. Aquellos tenderetes de higos chumbos y avellanas cordobesas, junto con las clásicas campanitas de barro, último reducto de una costumbre muy cordobesa, que se veía coronada con la degustación de una ristra de humeantes jeringos colgados de un junco, en ‘Los Mochuelos’, ‘El 6’ o en ‘Casa Miguelito’ de la Puerta de Baeza, tres clásicos de la Córdoba del pasado.


Foto portada: Nuestra Señora de la Fuensanta, entronizada en su paso procesional. Foto: PacoRomán