Reflexiones heterodoxas | Llegó el día y la hora


Cuando estas líneas vean la luz, Córdoba será un hervidero de fervor, expectación y espectáculo, que también, cofrade. Capillitas nativos y foráneos o simples turistas, estaremos, unos acompañando a nuestros sagrados titulares, otros buscando el sitio clave para ver el paso de la cofradía de sus amores, o para escuchar las bandas de moda, que vendrán desde la más variada geografía cofrade, mientras que otros muchos, sentados en las sillas preparadas por la Agrupación de Hermandades y Cofradías, esperarán tranquilamente el paso de los cortejos, consumiendo ingentes cantidades de pipas de girasol y refrescando sus secos gaznates, con todo tipo de bebidas. Lejos de cualquier consideración a favor o en contra de la celebración de este tipo de actos, a estas alturas de la película, nos guste o no, desde esta misma columna he manifestado mi más radical oposición a esta superabundancia de salidas procesionales, a veces con las excusas más peregrinas, los cofrades tenemos la obligación de volcarnos con nuestras hermandades y cofradías, para que el Magno Vía Crucis sea todo un éxito en todos los sentidos. Porque, nos guste o no, repito, un evento de estas características supone una interesante inyección económica para la, siempre maltrecha, economía de nuestra ciudad, especialmente para los sectores hostelero, de la restauración y los recuerdos locales. Por delante tenemos el ejemplo ofrecido en las últimas semanas y retransmitidos, en su integridad, por la televisión pública andaluza, por las ciudades hermanas de Huelva y Jaén, muy similares en su presentación, al que vamos a celebrar en el día de hoy, con la Magna Mariana de la Esperanza de Huelva y del Santo Rosario Magno de la capital del Santo Reino. En ambos casos las respectivas poblaciones se han volcado con los eventos organizados por sus correspondientes diócesis, en combinación con los órganos cofrades responsables en casa caso.

Nuestra Señora de los Dolores Coronada, la Señora de Córdoba, será la encargada de cerrar el Magno Vía Crucis. Foto: PacoRomán

Damos por descontado que, los de siempre, pondrán el grito en el cielo y se agarrarán a un clavo ardiendo para denostarlo, rechazarlo y condenarlo a la hoguera de la indiferencia. Como muestra, la salida de pata de banco del portavoz municipal socialista, rechazando las banderolas colocadas por vecinos y devotos de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza. ¡Allá él! ¡ojalá la cosa quede ahí y no tengamos que soportar alguna experiencia efímera, o performance que dicen los modernos, por parte de algún jayán o grupúsculo de la carda, kufiya a modo de niqab, aireando la bandera palestina, vociferante y actitud embravecida, haciendo ejercicio de la doble vara de medir que suelen utilizar quienes, en sus mentes enfermas de odio e ignorancia, consideran que la masacre de la población civil palestina es un genocidio, mientras que miran para otro lado cuando se trata de la invasión de Ucrania, o de los asesinatos de cristianos en Nigeria, a manos de Boko Haram, porque a esos seres humanos, si se defienden del expansionismo del neocomunista de Putin, o son de azabache pero cristianos, entonces, en nombre de la libertad, comprenden que se les prohíba defenderse o practicar la religión que libremente hayan elegido. En nombre de la igualdad, son discriminados como apestados, y, en nombre de la fraternidad, son asesinados. ¡Luminoso! Lo malo, lo malo es cuando tenemos la sensación de tener el enemigo en casa, “¡cuidado que vienen los nuestros!”, que diría el otro. No alcanzo a entender ciertas decisiones, que, en mi humilde opinión ofenden el sentido común, tanto en el plano religioso y espiritual, que es lo que importa, como cultural y turístico. De modo que una vez que podríamos presumir, ante el mundo entero, de la joya que tenemos en casa, resulta que se nos va a hurtar a cofrades y no cofrades, a nativos y foráneos la posibilidad de disfrutar de imágenes televisivas tan sugestivas como contemplar a Nuestra Señora de las Angustias coronada, al Señor amarrado a la columna de Priego, o a Nuestro Padre Jesús atado a la columna de Lucena o al Santísimo Cristo de la Expiración de La Rambla, obras cúlmenes de la imaginería barroca, transitando por el “bosque de columnas” como diría cualquier picaflor. Me gustaría saber para poder entender ¿por qué los pasos que no se queden en la Catedral, sólo van a poder deambular por el Patio de los Naranjos, cuando van a estar realizando las estaciones del Santo Vía Crucis y la salida por la Puerta de las Palmas vendría a simbolizar el momento de la Resurrección? ¿Por qué los cortejos que acompañen a los pasos que se van a quedar en nuestro primer templo, no pueden acceder a su interior? No quiero pensar que la prohibición de entrada, para los hermanos que van a alumbrar el discurrir de sus Titulares, es por miedo a eventuales incendios, hasta ahí podíamos llegar. ¿Por qué hay que dejar los enseres y atributos de estas cofradías, en un espacio habilitado en la parroquia de la Trinidad y no en capillas o zonas dispuestas para ello, como ha ocurrido en ocasiones precedentes? Sinceramente, no alcanzo a comprender y, humildemente, me gustaría conocer las razones de peso para tales decisiones pues, me parece que estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Alguien tendría que hacérselo mirar porque, con medidas como esta, estamos haciendo un pan como unas tortas.

Nuestra Señora de las Angustias coronada, por la calle Alfaros de nuestra ciudad. Foto: PacoRomán 
Nuestro Padre Jesús de la Columna en San Francisco

Foto portada: Misterio del Santísimo Cristo de la Conversión, que se estrena en este tipo de eventos. Foto: PacoRomán