El término castellano «pregón» encuentra su origen en los praecones romanos, contracción de dos palabras: praecino (adelante) y cantare (cantar), lo que vendría a significar “anuncio”. La figura del pregonero aparece en la más remota antigüedad como personaje encargado de dar a conocer las decisiones políticas que afectaban a la vida de súbditos de reyes o tiranos. En España la presencia del pregonero ha perdurado, casi, hasta nuestros días, en pequeñas poblaciones y pedanías. Será en época, relativamente moderna, cuando el término «pregonero» sirva para designar a la persona encargada de pronunciar un «discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella», según definición del DRAE En consecuencia, el pregón de Semana Santa constituye una pieza literaria en la que, de forma más o menos lírica, el pregonero da a conocer sus sentimientos, vivencias, deseos y sueños, constituyendo el punto de partida de la cuenta atrás que, de forma inexorable, conduce a un nuevo y luminoso Domingo de Ramos.

Según se afirmar en la web oficial del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, el origen del Pregón de la Semana Santa hispalense se encuentra en una charla que Federico García Sanchiz pronunció en el desaparecido Teatro «San Fernando» de la capital del Betis el 20 de marzo de 1937, aunque con tal denominación no aparece en la prensa de la época hasta 1939. A partir de la citada fecha se repite el acto con algunos altibajos hasta que, en 1941, en la Capilla de la Hermandad del Museo se celebra el llamado «Proemio Cofradiero» que algunos dan como el origen real del acto. El caso es que a partir del año siguiente dicho acontecimiento comienza a celebrarse de forma regular, propagándose con gran rapidez a su entorno más inmediato: Cádiz será la primera capital andaluza que, en 1944, siga el camino marcado por Sevilla. Este mismo año también tendrá lugar el primer pregón de la Semana Santa de Jerez. Al año siguiente lo hará Córdoba, mientras que Málaga deberá esperar hasta 1955 o Almería, que inicia su serie pregonera dos años más tarde, en 1957. Resulta cuanto menos sintomático el momento en que tiene lugar el primer pregón de Semana Santa. España vive uno de los períodos más convulsos de su historia reciente: la guerra civil. Y en un lugar: Sevilla, ciudad que se ha decantado por el bando en el que la componente católica es determinante y esencial. En este sentido será definitivo el posicionamiento de la Jerarquía española al calificar de “cruzada” el levantamiento militar y la contienda subsiguiente, así como la posterior declaración realizada en tal sentido por parte del Vaticano, ya en septiembre de 1936. En un interesante artículo titulado “Cincuenta y cuatro años de Desfiles Procesionales de Semana Santa”, don José María Padilla Jiménez, Deán de la S.I. Catedral, describe de forma magistral el ambiente que se vivía en la llamada “España nacional”: «La guerra civil de nuestra Patria, que dio fin a la segunda república, fue en Córdoba una verdadera cruzada religiosa, en la que los cordobeses se afanaban en llevar y lucir los distintivos religiosos que tenían, […] Y ese mismo signo de religiosidad sirvió, al fin del movimiento nacional, de motor estimulante para la floración de aquellas otras Cofradías de penitencia, multiplicando el número de ellas y el de sus cofrades, en proporciones realmente inconcebibles por su devoción y espiritualidad».

A lo largo de estos 78 años de pregones de Semana Santa en Córdoba -en 1961 no se celebró- cabría distinguir dos etapas bien diferenciadas cuyo punto de inflexión se situaría en el momento en que Rafael Zafra asume la presidencia de la Agrupación de Hermandades y Cofradías. Hasta ese momento, la designación del pregonero se basaba, fundamentalmente, más en criterios eruditos, políticos o religiosos, que en la categoría o condición de cofrade del exaltador. Hablamos de tiempos en blanco y negro sumidos en una durísima posguerra marcada por las cartillas de racionamiento y el hambre; es hablar de una Semana Santa más conceptual que barroca, sabiamente plasmada en los carteles de Ricardo Anaya o en la fotografía de Ricardo y Ladis; en fin, es hablar del tránsito de un régimen autoritario a una democracia formal, y de cómo se ha ido reflejando en la oratoria pregonera. En este devenir histórico llama la atención lo que podríamos calificar como “circuito pregonero”, especialmente en las décadas de los cuarenta y los cincuenta. A título anecdótico, cabe señalar que Córdoba comparte con Sevilla cuatro pregoneros: Federico García Sanchiz, José María Pemán, Francisco Montero Galvache y José Mª. Cirarda Lachiondo, futuro obispo de la diócesis. Con Málaga uno: José María Pemán. Con Cádiz tres: Pemán, García Sanchiz y Montero Galvache. Por último, también compartimos con Jerez dos pregoneros: de nuevo Montero Galvache y monseñor Cirarda. La gran figura de esta etapa pregonera será, sin ningún género de dudas, Francisco Montero Galvache considerado como el creador del pregón lírico, al que elevó a la categoría de “género literario”; autor de más de trescientos pregones por toda la geografía española destacan, entre otros, las cuatro veces que exaltó nuestra Semana Santa, el pregón de la coronación de Nuestra Señora de los Dolores o el conmemorativo del XXV Aniversario de la Coronación Canónica de la Esperanza Macarena.
Como señalábamos más arriba, la llegada de Rafael Zafra a la sede de Isaac Peral supuso un giro decidido hacia otro tipo de pregoneros y, por tanto, de pregones. Poco a poco seremos cofrades quienes hemos asumido la responsabilidad y el honor de pregonar la Pasión según Córdoba. Resulta difícil destacar unos sobre otros, pero no queremos dejar de reseñar pregones memorables como el pronunciado por Pablo García Baena en 1979, bajo el título de «Retablo de las Cofradías Cordobesas», sublime pieza literaria de apasionado cordobesismo. El pronunciado por Francisco José Mellado en 1985, de elevada exaltación lírica y fe profunda. Los de Antonio Varo Pineda (1986) y su hermano Ángel María (1991), el primero cagado de profundo significado cristiano y cofrade; el segundo preñado de lirismo, emoción y exaltación devocional. O el pronunciado en 2009 por Javier Tafur Asensio, reivindicativo, profundamente teológico, sobrecogedor y, sobre todo, cargado de esperanza.
Como es bien sabido, hasta tiempos muy recientes, el papel de la mujer en la Semana Santa estuvo relegado a un segundo plano, en consecuencia, no podemos hablar de pregoneras hasta fechas no muy lejanas. Según la información que hemos podido manejar para elaborar este artículo, la primera pregonera de una capital andaluza fue Pilar Paz Pasamar que, en 1981, pronunció el pregón de la Semana Santa gaditana. Cuatro años después haría lo propio Mª. Victoria Atencia García en la capital malagueña. Hay que esperar a 1997, esta vez en Jerez, para que otra mujer tome la palabra cálida y el verso encendido para expresar sus sentimientos y emociones cofrades: Inmaculada Cáliz González. En nuestra ciudad habremos de esperar al nuevo siglo para, en 2004, asistir al pregón pronunciado por Marisol Salcedo Morilla, hija del recordado cronista y pregonero Miguel Salcedo Hierro. También es cierto que cuatro años después volvía a ocupar el atril del Gran Teatro una nueva mujer: Inmaculada Luque Calvo. Aunque tan sólo tenga carácter anecdótico, Sevilla, espejo para tantos y tantos cofrades cordobeses y andaluces, hubo de esperar a 2019 para que la periodista de Canal Sur, Charo Padilla, tomara la palabra en el Teatro de la Maestranza.

Mañana se presentará en el atril del Gran Teatro, el Excmo. Sr. Don Santiago Muñoz Machado, Director de la Real Academia Española (RAE) y Presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), desde esta humilde columna esperamos disfrutar de un pregón a la altura intelectual del pregonero.





