Hace ya unas décadas, un político local que acabó cayendo víctima de su propia prepotencia, y cuyo nombre no quiero evocar, acuñó un eslogan de campaña que rezaba, más o menos, algo así: “No todo el mundo tiene la suerte de haber nacido en Córdoba”. Pues en el día de la fecha, parafraseando aquella consigna, no dudo en afirmar que: “No todo el mundo tiene la suerte de ser hijo de Don Bosco”. Hoy es 24 de mayo, el día de María Auxiliadora, nuestra Madre y Señora para quienes hemos tenido el inmenso honor de haber pasado por los patios, las aulas y la iglesia de un colegio salesiano. Me vais a permitir realizar un ejercicio de añoranza, siguiendo el estilo de mi admirado Ricardo de Montis.

Fotografía: Archivo de Francisco Román Morales
Mi relación con el colegio salesiano de nuestra ciudad comienza desde el mismo momento de mi nacimiento. Mi padre era antiguo alumno y toda su vida discurrió, casi literalmente, a la sombra de la Señora, tanto por su condición, ya señalada, como por su compromiso con la Casa y porque, casi toda su existencia, se desarrolló en un radio no superior a los quinientos metros del colegio. Por ello, no es de extrañar que, con seis años apenas cumplidos, en 1962, comenzara mi andadura por aquellos patios. No voy a cometer la frivolidad de afirmar con Jorge Manrique, que cualquier tiempo pasada fue mejor, pero ello no me impide evocar aquellos primeros años de mi vida con auténtico fervor.
Recuerdo mi primer “Día del director”, celebrado por todo lo alto con una becerrada en el patio central del colegio. O las festividades de Don Bosco y Santo Domingo Savio, que no “el Sabio”, cuando todos los patios eran exornados con gallardetes y metopas con banderas multicolores, entre las que predominaban los colores rosa y celeste, propios de la Auxiliadora, junto con los de la enseña nacional. En aquellas ocasiones, después de celebrar la Santa Misa delante de Ella, venía el momento dulce, cuando nos repartían suculentas tortas de aceite y porciones de chocolate, paso previo para la celebración de todo tipo de competiciones deportivas. Nuestras vidas transcurrían, casi en su totalidad, entre los muros del colegio erigido en 1901 gracias al empeño de don Mariano Amaya, párroco de San Lorenzo, y don Francisco Romero, celosísimo sacerdote que hizo posible la compra de la teneduría y huerta de la calle Mayor de San Lorenzo, n.º 168, para sede de la obra salesiana. Por aquellos años la Orden llevaba ya en Andalucía veinte años, enviados por el mismo fundador san Juan Bosco. Cupo a Utrera la suerte de ser la primera fundación salesiana en nuestra patria, tuvo lugar en 1881, solicitada por el cardenal arzobispo de Sevilla, don Joaquín Lluch a Don Bosco. Cuatro años más tarde, en 1885, llega la imagen de María Auxiliadora procedente de Marsella, enviada y bendecida por el propio San Juan Bosco, siendo por tanto la primera imagen de esta devoción que recibió culto en nuestro país. Ante Ella se cantó por vez primera el “Rendidos a tus plantas”, escrito por el entonces director del Colegio utrerano don Salvador Rosés.
Cuando ingreso en el colegio, en septiembre de 1962, la superficie que ocupaba el centro era, prácticamente, el doble de la actual. Cuatro patios acogían a más de mil alumnos, entre los que se encontraba un nutrido número de internos –apodados los “bellotos” por el color parduzco de sus babis escolares-, distribuidos por niveles educativos. Especial relevancia revestía y reviste la celebración del 24 de mayo. Ciertamente, en nuestra ciudad ha decaído hasta extremos indudablemente preocupantes, pero en poblaciones como Utrera, ya citada, la festividad tiene carácter de fiesta local y se celebra una pequeña feria, calle del infierno incluida, en uno de los amplios patios del colegio. La fecha conmemora este mismo día, pero de 1814 cuando el Papa Pío VII, gran devoto de la advocación a María Auxiliadora, fue liberado por Napoleón quien lo había apresado en 1806 por su negativa a sumarse al bloqueo de Inglaterra. Como decía, este día grande para la familia salesiana, se preparaba con especial ahínco: se celebraba la novena, se ensayaban cánticos y se organizaba la procesión con las imágenes de la Auxiliadora, Don Bosco y Domingo Savio, entronizadas en sus respectivos pasos. Aquella procesión que llegó en su recorrido hasta la plaza de las Tendillas, constituía una auténtica manifestación de fervor y agradecimientos por los innumerables favores concedidos por la mediación de la Señora, ya que, en la misma, además de todo el alumnado, se concitaba la familia salesiana al completo: novicios, Asociación de Antiguos Alumnos, hermandad del Prendimiento, Cooperadores salesianos, Hijas de María Auxiliadora… hasta completar un cortejo de dimensiones, hoy inimaginables. A su finalización, una gran traca anunciaba a Córdoba que la Señora había regresado a su templo.

Para finalizar este recorrido por la alegría de ser hijo de don Bosco, no quiero dejar pasar la ocasión para aludir a la actual imagen de María Auxiliadora venerada en su Santuario. Fue bendecida el 25 de marzo de 1908, milagro incluido que hoy se representa en un fresco situado en el lado de la epístola del templo colegial. Según contaba don Miguel Aragón, salesiano encargado de coordinar los actos de la coronación pontificia de la venerada imagen, llevados a cabo entre el 30 de marzo de 2008 y el 10 de mayo de 2009, la bendición supuso para la Obra salesiana y para Córdoba un hecho que marcaría un hito para la historia. Consagró la imagen el Obispo de la diócesis, el Excmo. Sr. don José Pozuelo Herrero, en presencia de las autoridades de la ciudad, de los vecinos del barrio que se volcaron y de otros numerosísimos cordobeses. Apadrinaron el acto don Carlos Carbonell y Morand y su esposa doña Asunción Ruiz de Portal. Era director de la Casa don Sebastián María Pastor, alma de la Obra salesiana cordobesa, casi durante sus primeros veinticinco años, y a quien el Ayuntamiento de la Ciudad nombró hijo adoptivo en 1929. Desde entonces, somos miles quienes hemos tenido el honor de ser acariciados por la serena mirada de nuestra Madre Auxiliadora. Somos miles los que hemos encomendado nuestras vidas a Quien todo lo puede. Somos miles los que en días como hoy, nos rendimos a sus plantas, porque Ella es nuestra Madre y Señora. Porque Ella es nuestra Esperanza en este valle de lágrimas.
Foto de portada: Momento en el que don Juan José Asenjo, en presencia de don Manuel Hinojosa, se dispone a coronar canónicamente la efigie de María Auxiliadora. PacoRomán





