Santa Catalina de Alejandría

Han pasado catorce años desde que los sevillanos vieran cerrar por vez última las puertas de la céntrica Iglesia de Santa Catalina. Ya está todo preparado para que, el próximo domingo día 25 de noviembre, las hermandades con sede canónica en este templo abandonen el exilio desde la Parroquia de San Román y se trasladen nuevamente a casa. La primera de ellas será la imagen de Santa Lucía, a las 17:00 horas, seguida de los titulares de la cofradía de La Exaltación, en torno a las 18:15 horas. Por su parte, las imágenes letíficas de la Virgen del Carmen y de la Virgen del Rosario realizarán su traslado de forma privada a las 11 horas de la mañana.

No es casualidad que el día elegido para la reapertura del templo sea el 25 de noviembre, ya que en esta jornada se celebra la festividad litúrgica de Catalina de Alejandría. Natural de Alejandría (Egipto), Catalina era una joven noble de principios del siglo IV. Dotada de una gran inteligencia, destacó muy pronto por sus extensos estudios, que la situaron al mismo nivel que grandes poetas y filósofos de la época. Una noche se le apareció Cristo y decidió, en ese momento, consagrarle su vida.

Foto: Rafaes.

Durante la visita del emperador Majencio a Egipto, Catalina se negó a dar culto a los ídolos paganos, desobedeciendo así a la autoridad imperial, ante el cual confiesa su fe en Cristo. Ante la imposibilidad de convencerla, el emperador llama a cincuenta filósofos, que no supieron revocar sus argumentos, acabando incluso por convertirse ellos también al cristianismo. Por ello, fueron quemados por orden del emperador.  A pesar de la intercesión de la emperatriz y tras varios tormentos, como la flagelación y una máquina de ruedas dentadas, que se rompen milagrosamente antes de herirla, finalmente fue decapitada y su cuerpo fue sepultado en el Monte Sinaí, donde se levantó un monasterio en su honor.

Santa Catalina de Alejandría aparece en el grupo de santos auxiliadores y es invocada contra la muerte súbita. Ostenta el patronazgo sobre filósofos, estudiantes, barberos y oficios relacionados con las ruedas. Así mismo, las universidad de París, de Oviedo y de Padua eligieron a la mártir como santa patrona.

La escultura preside el templo de Santa Catalina es de autor anónimo, fechable a finales del siglo XVII, habiendo sido recientemente intervenida por el restaurador Pedro Manzano. La imagen sostiene en su mano derecha la espada con que fue decapitada, mientras que con la izquierda porta la palma del martirio, cuyo atributo principal es la rueda que aparece tras ella. A sus pies encontramos la cabeza del emperador, símbolo de que, por su martirio, la santa ha vencido por medio de su fe. Dado su rango real, aparece coronada y viste ricos ropajes, verdes por su sabiduría y rojos por su martirio.

El camarín donde aparece esta talla está decorado por José López Chico en el siglo XVIII que se encuentra en el centro del retablo mayor, obra de Diego López Bueno, ejecutado entre 1624 y 1629 y que cuenta con pinturas que narran la vida y el martirio de la santa: Santa Catalina ante el emperador, Santa Catalina entre los filósofos, la flagelación de Santa Catalina y el martirio de Santa Catalina. Se completa con la pintura de un Crucificado sobre el camarín central. Todas estas obras han sido restauradas por un equipo dirigido por Antonio Gamero y Agustín Martín, formado por Patricia Iglesias, Azahara Lora, Ana Álvarez, María Lara, Antonio Manuel Fuentes, Isabel Mª Moreno, Carlos Roncero y Carmen Escot, quienes han intervenido igualmente en los retablos de la iglesia. El conjunto del retablo mayor se completa con las esculturas de San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista y San Sebastián, restauradas por Enrique Gutiérrez Carrasquilla.