Hace 770 años, Sevilla volvía a ser cristiana.
El 23 de noviembre de 1248, Fernando III el Santo, rey de Castilla y de León, recibió las llaves de la ciudad por parte del caíd Axataf, acabando así con más de cinco siglos de dominio musulmán en la capital hispalense. Esta jornada coincide con la festividad litúrgica de San Clemente, cuarto papa de la Iglesia Católica que ocupó la silla de San Pedro a finales del siglo I. Además, fue el primer pontífice en emplear en las ceremonias religiosas la palabra Amén.
En la mañana del 23 de noviembre, la urna del monarca santo se abren al público para que los sevillanos asistan a rendir pleitesía al hombre que devolvió la Palabra de Dios a la ciudad, la cual se sitúa ante las plantas de Nuestra Señora de los Reyes. A las 8:30 horas comienza la misa solemne que acoge una procesión por el interior de las naves catedralicias, presidida por Teodoro León, dean y Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla. Además, esta ceremonia se llevaba a cabo mediante un triple desfile: un sacerdote carga las reliquias de San Clemente, el concejal más joven del Ayuntamiento de Sevilla porta el pendón y el alcalde hispalense alza a Lobera, la espada de San Fernando. Además, la urna del monarca está custodiada a lo largo de la mañana por componentes de la Guardia Civil.








