Una vida de misericordia

Cuando la flor de la vida afloraba en ellas con el natural impulso de la juventud, en conocer mundo y sacar el jugo más ocioso de la vida, ellas miraron a Jesús a los ojos diciendo como María “he aquí la esclava del Señor”.

En sus palabras es una obligación ayudar al prójimo ya que Jesús les ha llamado para vivir como Él. Esa es su admirable filosofía de la vida. Por eso, desde que sus corazones se volcasen cuando la redentora mirada de Nuestro Señor le pidió tener misericordia con los demás, día a día viven por y para los necesitados. No hace falta leer más porque ya sabéis de sobra que estas líneas tratan de las Hermanas Carmelitas.

Visten de blanco, y nos es por casualidad, lo hacen porque es el color más protector de todos, aporta paz, representa la pureza y limpia el espíritu. Ellas no tienen hora de levantarse, ni siquiera de acostarse, siempre están en vilo en ayudar a los demás, tanto, que juraría que el corazón se les parte cuando no están al alcance de aliviar a quien lo necesita.

De ellas van sujetas numerosos sustantivos que llaman a la perfección: luz, bondad, inocencia, pureza, virginidad, optimismo, inocencia, aislamiento, frío; y a la vez una calidez que conquista al más ignorante. No son madres pero como si lo fuesen, porque en ellas el corazón tierno de la vejez encuentra un refugio maternal y extremo. Puede que por eso, a cualquier niño que se pasea por El Porche tras la Misa, se fije con un delicado detalle en estas mujeres. Su insignificante inteligencia le lleve a dudar si son ángeles de la guarda o mujeres carnales.

Paradas siempre le ha entregado su amor a ellas, no es dudable, porque la educación digna de inculco de muchas de nuestras madres y abuelas vienen de ellas, y la deuda de este tesoro la pagan con la humildad carmelita y la doctrina de la vida que aprendemos de nuestras ellas.

Viven por y para los demás, ejemplo de ello es su renuncia a lo más importante que cualquier persona pueda tener, su familia. Se trasladan desde provincias, comunidades, naciones e incluso de continentes, porque su corazón les manda que su familia está con Jesús, y Él es cada necesitado.

Su obra no puede quedar en vano, por ello llaman a todos y en especial a los jóvenes, porque saben que los niños son los únicos que pueden abrir los ojos al mundo. Una tierra hostil que a menudo la bondad y el sacrificio que ellas nos transmiten se queda al margen de lo interesante y lo importante para nosotros, pero nuestra ceguera no divisa que en las acciones de las Hermanas está el misterio de todas las cosas: el amor y la felicidad.

Las Hermanas Carmelitas es el término misericordia, y lo dijo el Papa Francisco: “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”, porque Ellas el pilar para que podamos creer que este mundo siga teniendo sentido.

Saben mejor que nadie que los mayores son los verdaderos maestros de la vida. Y confirman que su vida es una belleza porque para ellas los mayores son flores con distintos colores, con sus distintos sentimientos, dolores y acciones. Y estoy seguro que a lo largo del tiempo algo hemos interpretado de ellas, porque cuando un costalero ayuda a su compañero, o una madre le da de beber a su niño nazareno, es una Hermana que está ayudando a una persona mayor, y es Jesús Nazareno que con su mirada alivia a ellos, cuando el Viernes Santo a primera hora de la tarde, estas monjas le vuelven a mirar a los ojos diciendo: “Señor, aquí está mi vida, y mi vida es Tu misericordia”.