Unos Médici para Sevilla

Ojeaba el otro día el periódico y me encontraba con una información en un diario de tirada nacional que llamó mi atención. “Los dueños de Mercadona, los Médici de Valencia”, rezaba el titular. En el interior se abordaba la figura de Juan Roig y Hortensia Herrero, quienes se han volcado en el mecenazgo artístico. La capilla sixtina de Valencia ha recuperado el esplendor gracias a la fundación que lleva el nombre de su mujer. Ahora se conoce que el Palau de Valeriola será reformado para albergar el su interior las obras de arte contemporáneo de Hortensia, así como exposiciones temporales.

En Sevilla no hace falta que busquemos para ver cómo se encuentran parte de los edificios históricos de la ciudad. Aquí los mecenas son las hermandades, pero con notables diferencias entre ellas. Si el número de hermanos sobrepasa con creces los diez mil, no hay problemas para llevar a cabo las reformas que sean necesarias. Otras corporaciones no cuentan con el mismo número de hermanos. Santa Catalina prevé abrir durante la primavera del próximo año, pero ya esto suena como el cuento de nunca acabar. La hermandad de la Cena ha contado con un donante para reformar la cúpula de Los Terceros. Otras no corren la misma suerte, y paredes con pinturas de gran valor histórico se pierden entre humedades y el olvido de las administraciones.

Tampoco los patrocinios están como para tirar cohetes. La exposición preparada por la hermandad de Las Aguas habría sido una de las grandes muestras de este año, pero la falta de entidades patrocinadoras la ha retrasado para el próximo año. Mientras tanto, la corporación se afana para que pueda llevarse a cabo esta retrospectiva que reunirá dolorosas de Andalucía y algunas del resto de España.

Pero la peor parte se la llevan las órdenes religiosas. La capilla de San José inicia una nueva etapa, ahora sin el apoyo de ARECA. El convento Madre de Dios no celebra misas en la iglesia por los problemas que presenta la estructura central. Tampoco las monjas de Santa Inés atraviesan sus mejores momentos. Y las ventas de los dulces no llegan para obtener los ingresos necesarios. La media de edad sobrepasa los setenta años, y toda la historia que conservan los muros de los cenobios ― que es también la historia de la ciudad ― se pierde sin que nadie haga lo posible para evitarlo. Solo nos falta esperar que Sevilla alumbre el nacimiento de unos nuevos Médici. Y por ahora, mal vamos.