El obispo de Solsona, de insultar a los homosexuales a justificar a los independentistas que incumplen la ley

Muchos son los católicos profundamente avergonzados por la deriva independentista en la que se ha adentrado la iglesia catalana, entre el silencio cómplice de la Conferencia Episcopal y el Vaticano que, ni desautoriza ni contrarresta, salvo excepciones como las palabras del obispo de Córdoba en la homilía que el pasado mes de octubre protagonizaba en la Catedral, con motivo de la celebración de la festividad de los Ángeles Custodios, patrones de la Policía Nacional, en la que declaraba sin matices, que la patria está en peligro. El resto de la jerarquía eclesiástica se mantiene en un vergonzoso silencio a caballo entre la equidistancia más repugnante y la medición milimétrica para no ser tachado de fascista que visto lo visto es el peor insulto posible, incluso para los curas. Una actitud que podría estar teniendo consecuencias en forma de mayor ausencia aún en unos templos cada vez más vacíos y en la declaración de la renta, en la que han dejado de concurrir muchas x en la casilla a favor de la iglesia católica.

Y eso que algunos de los que están perpetrando esta infamia, en nombre de Dios, para deshonra de quienes están siendo humillados, catalanes que no odian a España y Fuerzas de Seguridad del Estado, a quienes esta gentuza ensotanada no tendrá reparo alguno en llamar cuando la patulea cupera, podemita y/o proetarra comience a asaltar capillas y quemar santos, son unos personajes salidos del más recalcitrante castillo de los horrores. Algunos de estos ministros de la iglesia, llevan años avergonzando a todos los católicos normales. Es el caso de Xavier Novell, obispo de Solsona, que en las cercanías del pasado 1 de octubre alentaba a las masas a sumarse al referéndum ilegal, presumiendo públicamente de participar en él, papeleta en mano, evitando en todo momento condenar la rebelión independentista.

Este individuo, que puso en la diana a Guardia Civil y Policía Nacional llamándoles «guerrilleros» con todo el desprecio del mundo, más propio de quien odia más que respira que de alguien que se llena la boca con la palabra de Dios, entre vómito y vómito, y que ha catalogado repetidamente como héroes a los presidentes del Parlamento catalán, los consejeros y muchos diputados, alcaldes y altos cargos de la Generalitat que “están arriesgando su libertad, carrera y patrimonio”, ya avergonzó al pueblo cristiano hace unos meses dando muestras de una repugnante homofobia, al vincular la homosexualidad con la ausencia de la figura paterna que “en la cultura occidental está ausente, desviada y desvanecida”. Unas manifestaciones que motivaron que Ramon Royes, alcalde independentista de Cervera, anunciase que en el pleno municipal presentaría una moción para declarar al obispo persona non grata en su ciudad y que probablemente ahora sea buen amigo del prelado, donde estén las prioridades, que se quiten los principios.

En octubre pasado el mismo sujeto que muchos tachan de ultraconservador, atacaba con sus exabruptos minados de una animadversión impropia de un sacerdote a policías y guardias civiles, a sabiendas de que sus palabras podían atizar aún más un fuego que puede arrasarlo todo, para empezar la vida de los agentes que se hallan en serio peligro en estos lamentables días en Cataluña, sin que ello parezca importarle lo más mínimo, ni sus vidas ni las de sus mujeres e hijos. Hace meses, a raíz de la cadena de reacciones que provocó su discurso homofóbico, el obispo de Solsona se vio obligado a pedir disculpas. En cambio, todavía no ha pedido perdón a españoles, policías y católicos por el daño incalculable que está provocando con su actitud y sus palabras. Todo ello a pesar del daño causado, como ocurrió cuando insultó a homosexuales y a sus familias, para escarnio y vergüenza de quienes nos llamamos católicos, que jamás olvidaremos el día en que la iglesia se puso del lado de quienes insultan a todo un pueblo para garantizarse un concordato que jamás tendrán. 

Ahora, este mismo sujeto, vuelve a protagonizar airadas reacciones en uno y otro sentido por un vídeo clandestino que está circulando con fuerza por redes sociales en el que aprovecha de manera miserable la autoridad que le concede el púlpito que mancha con su sectarismo para justificar los desmanes de los independentistas que se encuentran en prisión por incumplir la ley. Una ley a cuyo cumplimiento resta valor en sus palabras, condicionando gravemente a los fieles que tienen la desgracia de sufrir y, al mismo tiempo, expulsando metafóricamente del seno de la iglesia, a quienes piensan que hay que respetar la ley. Este es el vídeo. Juzguen por sí mismos.