A paso mudá | Redención pierde, Sevilla pierde

La noticia ha corrido como la pólvora por los mentideros cofrades: la Hermandad de Montesión deja a la Agrupación Musical Redención. Y no ha sido una ruptura elegante ni discreta: la palabra que circula es “traición”, con toda su carga amarga. Por más que se quiera vestir de diplomacia, Redención se siente traicionada. Y, al margen de la anécdota humana (que duele), hay algo más grave: Sevilla pierde uno de sus mejores maridajes musicales de la Semana Santa.

Porque Redención y Montesión no eran un contrato cualquiera. Eran un binomio artístico que funcionaba con la precisión y la emoción de un poema. La agrupación (para muchos, la mejor de Sevilla) había hecho de la madrugada del Jueves Santo un laboratorio de música cofrade: marchas propias, adaptaciones exquisitas y un sello reconocible que dignificaba cada chicotá. Montesión lucía mejor con Redención. Redención se engrandecía tras Montesión. Sevilla ganaba con ellos.

Hoy todo eso se rompe. Y con ello, se rompe también el cuidado por el estilo. Redención no es solo potencia o soniquete fácil para el aplauso. Es música estudiada, arreglada, respetuosa con la seriedad de la noche. Una AM que entendía la idiosincrasia de Montesión y sabía poner la música donde debía: sobria pero emocionante, potente pero elegante. ¿Quién asegura que el relevo tenga la misma sensibilidad?

Hay quien dirá que nada es eterno. Es cierto. Que los contratos se firman y se rompen. También. Pero duele que Sevilla se esté acostumbrando a estos cambios de pareja como si fueran intercambiables. No todas las bandas valen para todos los pasos. No todas las hermandades tienen el mismo carácter. Cambiar a Redención por criterios económicos o por desencuentros internos es legítimo, pero supone renunciar a un estilo consolidado y a años de trabajo conjunto.

No es solo Redención la que pierde un contrato. Es Sevilla la que pierde un ejemplo de armonía entre banda y paso. La que ve fracturarse uno de sus mejores espectáculos sonoros de la madrugada. La que se resigna a que la música cofrade se convierta en puro negocio, olvidando que antes fue arte.

Ojalá se recompongan las cosas. Ojalá Redención encuentre un destino que la valore. Ojalá Montesión sepa cuidar el relevo. Porque lo que está en juego no es un simple contrato: es el nivel de la Semana Santa de Sevilla. Y perder a Redención en Montesión no es un detalle menor. Es perder una obra de arte viva.