Burladero | El negrito del Salvador

Estimado, amable y fiel lector. Nos encontramos una semana más en esta atalaya, desde la cual desentrañamos juntos los temas más interesantes de nuestra Semana Santa. 

Decía el artista John Ruskin que “La escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino el labrado de su efecto.” John Ruskin.

Tomando como premisa la valiosa cita de Ruskin, vamos a hablar de unos de los temas más controvertidos del universo cofrade en Sevilla, o incluso me atrevería a decirle que en toda España: las restauraciones. 

De todos es sabido que la intervención de una obra de arte siempre es un motivo de preocupación no solo para las hermandades, sino también para los propios cofrades que cada vez tienen más conocimientos en la materia gracias a las redes sociales e internet. 

Hace 30 o 40 años se restauraba un Cristo o una Virgen, y, vamos a ser francos, a menos que fuera una devoción universal como la Macarena o El Gran Poder, pasaba muy desapercibida más allá de que el resultado fuera más o menos acertado. 

Y es que en esos años no existían ni el sensacionalismo ni el exceso de información que tenemos hoy día, el cual por cierto conocemos al minuto gracias a la inmediatez de las publicaciones. 

Precisamente por ese interés que existe hoy en el tema, las cofradías ponen cada vez más atención en el mantenimiento y cuidado de sus imágenes. Y es por ello que resulta casi alarmante la deriva de una de las tallas cristíferas más importantes del barroco procesional sevillano: El Cristo del Amor, de Juan de Mesa.

La oscuridad de la imagen es más que notoria. La hermandad, tras un run run de varios años, tomó cartas en el asunto y procedió en 2021 a un estudio del Señor por parte de los profesionales del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, quienes indicaron que pese a no presentar problemas estructurales, si llamaba la atención su aspecto exterior debido al uso en el pasado de repintes y capas de barnices que han provocado el oscurecimiento y la degradación del crucificado. 

Pues bien, han pasado tres años desde aquel estudio, y no se ha sabido nada más de la hipotética restauración y limpieza del Cristo del Amor.

¿Y por qué? Realmente no se sabe, pero se intuye. La razón de esa interminable espera es, presumiblemente, el temor de ciertos hermanos de la corporación al resultado de la limpieza y el cambio que pueda sufrir al volver a su estado primitivo. 

Dicho de otro modo: El Cristo que conocemos es oscuro casi negro, como la película. Así lo han conocido y así lo quieren mantener. 

Y más allá de que el libro de los gustos esté en blanco, hay que admitir la realidad y asumir que la limpieza de la talla es una necesidad urgente. 

Ojalá que estas líneas sirvan de algo y se consiga por fin que la restauración del Cristo del Amor siga adelante. 

Mientras ese día glorioso llega, viviremos una jornada pletórica mañana sábado junto a la Virgen del Rocío de la Redención en un Rosario público histórico al Santuario de Los Gitanos. 

Soñando con la dolorosa de la Calle Santiago me despido deseándole una buena semana. 


Foto: Desde la Giralda