Cruz de guía, Opinión

Cambio de chip

Una vez que se alejan los tres Reyes Magos de nuestras fronteras, la Epifanía transforma la ilusión navideña en el sentimiento de espera que todos los cofrades sienten cuando se agachan a coger el último caramelo. Una sensación de esperanza, más aún si cabe, en el corazón de quien ha vivido situaciones tan espinosas durante dos ediciones.

Recién comenzado el año 22, hemos sido testigos de la recuperación de acontecimientos multitudinarios como son las tradicionales Cabalgatas que pueblan de muchedumbre los dos últimos días de la Navidad. Es una realidad que todo el mundo añoraba y que tal como hemos relatado en esto medio, ha dejado patente la responsabilidad de un pueblo castigado por una pandemia que se ha llevado por delante todas las efemérides tradicionales y multitudinarias.

Hoy, 6 de enero, el cofrade cambia el chip y pone sus miras hacia una Cuaresma supeditada a los vaivenes de la situación sanitaria. El tiempo de espera para el resurgimiento de la Semana de Pasión se prevé extenso y copado de incertidumbre, una incertidumbre que obedece a la suspensión de los primeros visos de movimiento cofrade, como son las igualás y mediciones de costaleros, por causas que ya sabemos.

Lo que sí está claro, es que la oportunidad se atisba en el horizonte. La Semana Santa del año 2022 no puede quedar relegada otra vez a la calidez de las Iglesias y Parroquias puesto que la actividad es el motor que mueve este complejo orbe. Es el momento de imponerse. Hemos presenciado la celebración de procesiones extraordinarias, cabalgatas y ferias, todas ellas con un profundo sentido de normalidad, la Semana de Pasión no puede ser menos después de estos dos años de merecido descanso. Hay que volver con más fuerza.

Como dice el cartel, ¡volveremos!.