Cruz de guía | El amargo beso de la lluvia

La lluvia. La tan necesaria lluvia. Amiga de los campos y enemiga de las procesiones. Un lluvioso mes de marzo continúa su curso hacia un desenlace que olerá a incienso y sonará a corneta. La tan tempranera Semana Santa hará acto de presencia, este año, en el inestable tercer mes del año, con la consecuente incertidumbre a la que acostumbra y la polémica servida ante tantos acontecimientos suspendidos por el líquido elemento. Las miras puestas en la Semana Santa y la necesidad de preparar el cuerpo con la tensa espera cuaresmera frustran unos fin de semanas ahogados en agua. Y es que las hermandades continúan buscando espacios amplios y cubiertos en momentos de inestabilidad meteorológica ante la falta de los mismos y la imposibilidad de acceder a ellos por criterios económicos o incluso por carprichos.

En los últimos meses, las precipitaciones han frustrado multitud de eventos de diversa índole celebrados al aire libre, generalmente estáticos, que han dado al traste con estampas de homenajes y conciertos en los que la imposibilidad de contar con espacios cerrados y cubiertos capaces de albergar grandes masas de personas denota la falta de recursos y solidaridad de ayuntamientos de importantes ciudades andaluzas. Bendita agua, pero enemiga de la Semana Santa y sus derivados que no encuentra la fórmula perfecta para alcanzar alternativas efectivas ante la posible aparición de la lluvia, anulando conciertos y recaudaciones importantes para proyectos como única solución fehaciente.

Ha ahí el motivo que tengamos el calendario plagados de suspensiones. No obstante, y dejando a un lado la necesidad de espacios en algunas ciudades y la solución que conlleva tal problemática, el caos de las salidas procesionales navega en una dimensión diferente. Su enemigo más acérrimo provoca delirios en las Cofradías, algunas anegadas por el deseo intenso e irrefrenable de hacer estación de penitencia, algo que ha motivado la aparición de decisiones arbitrarias y sin atisbo alguno de razonamiento lógico que han dejado estampas para el recuerdo. Muestra de ello, fueron las accidentadas salidas que en el año 2022 protagonizaron hermandades del Lunes Santo sevillano producto de una necesidad imperiosa de poder procesionar tras el letargo de la pandemia. En la retina queda el tremendo aguacero desencadenado durante la jornada del Domingo de Ramos del año 2013, al igual que el que sufrió simultáneamente la hermandad de la Santa Cena de Jaén ese mismo año.

Dicen que la lluvia en Sevilla es pura maravilla. Razón no le falta al tan repetido refrán, aunque quizás el que lo recitara por vez primera no pensara mucho en las Cofradías. Sin solución de continuidad, la del amargo beso que proporciona la lluvia nos coloca en una situación de incesante alerta, en un tiempo atmosférico que se contagia de la ansiedad de los cofrades en la semana más grande del año.