Cruz de guía | Sueños de toalla y hamaca

El fin de una era musical en las hermandades puede ser asunto de estado. Una crisis irrefutable que emana de la pérdida de lo conocido y la incertidumbre del futuro por conocer. En el mundo cofrade se suelen sufrir ambas sensaciones, pues la inestabilidad de los contratos entre bandas y cofradías y los continuos cambios de cromos rompen el axioma de lo duradero en un orbe cada vez más voluble.

El último gran cambio de acompañamiento musical en Málaga responde a la más pura concepción de la palabra «traspaso». Sí, un intercambio de cromos de estilos musicales similares entre dos hermandades vecinas y que han visto con buenos ojos la modificación artística del sonido que acompaña a los titulares a causas que parecen responder a caprichos más que a criterios serios.

Estos movimientos no son meros cambios de contrato; son el final de una melodía que ha acompañado a los titulares durante años, forjando una identidad sonora que se consideraba intrínseca a la cofradía. En este caso la Banda del Carmen del Perchel y la Hermandad de Zamarrilla fueron las protagonistas que detonaron un efecto dominó con la evaporación del compromiso que les unía. Posteriormente, lo haría la Banda del Cautivo y la Hermandad de la Misericordia empujadas por un cambio ajeno a sus relaciones contractuales.

Al fin y al cabo es lo que ocurre en este mercadeo en el que se ha convertido el mundo de las cofradías y seguirá ocurriendo como símbolo de falta de formación y respuesta a caprichos que vislumbran ciertos iluminados bajo las hamacas en los meses estivales. Y es que si en realidad descubriéramos las verdaderas motivaciones por las que se producen estos cambios, muchos nos echaríamos las manos a la cabeza ante el monopoly que se traen entre manos ciertos personajes. En fin, verano y sueños de toalla y hamaca.