No es lo que uno espera ver entrar en carrera oficial a la Virgen de la Concepción con «La Estrella Sublime», la joya imperecedera que Manuel López Farfán dedicase a la Virgen de la Hiniesta o «Pasan los Campanilleros», del mismo autor, en la Plaza de la Corredera. No es el estilo con el que fue concebida la presencia de la Virgen de la Concepción en las calles de Córdoba.
La Semana Santa es un celebración de gran significado y devoción en nuestra ciudad, y las hermandades y cofradías juegan un papel fundamental en la preservación de esta tradición. La Hermandad de las Penas de Santiago siempre fue un ejemplo destacado de cómo una cofradía puede mantener viva su identidad y estilo a lo largo de los años.
Cada año, el paso de palio de la Virgen de la Concepción, con su sobriedad y elegancia, es, un testimonio de la clase y el gusto de la hermandad. Desde que en el paso de palio de la Hermandad de las Penas de Santiago camina entronizada la Virgen de la Concepción, la bellísima dolorosa nacida en el taller de Juan Ventura, con la inestimable colaboración de los artistas cordobeses Manuel Jiménez y Julio Ferreira, ha tenido un estilo sobrio y muy elegante. Clásico.
Pretender modificar ese estilo, perfectamente definido, implica traicionar el legado heredado, un grave error. La tradición y la herencia recibida no son elementos que se puedan cambiar a capricho, sino que forman parte integral de la identidad de la cofradía y de la ciudad misma. Un estilo que es imprescindible mantener, si se quiere ser fiel a lo que siempre fue, a lo que se espera de la Virgen de la Concepción.
Es cierto que hablamos de una cofradía con un estilo muy definido en el paso de misterio, con una fuerza y una potencia incontestables, y uno radicalmente distinto en el paso de palio, como existe en muchas otras hermandades, los Negritos o el Museo de Sevilla, por ejemplo. No es lo que uno espera ver entrar en carrera oficial a la Virgen de la Concepción con «La Estrella Sublime», la joya imperecedera que Manuel López Farfán dedicase a la Virgen de la Hiniesta o «Pasan los Campanilleros», del mismo autor, en la Plaza de la Corredera. No es el estilo con el que fue concebida la presencia de la Virgen de la Concepción en las calles de Córdoba. Y sus mayores lo saben.
Por eso ruego a la Junta de Gobierno de la Hermandad de las Penas de Santiago que respete la tradición y la herencia recibida. No cambien el estilo del paso de palio de la Virgen de la Concepción. Mantengan vivo el legado que han recibido, y no lo modifiquen por capricho, alterando su genuina idiosincrasia. La espectacularidad del paso de misterio del Cristo de las Penas y la Virgen de los Desamparados, su maravillosa espectacularidad, siempre fue perfectamente compatible con la sobriedad, la elegancia y la finura que debe tener el paso de palio de la Concepción. Muy diferente a las formas, mucho más enérgicas, que tenía cuando en el palio procesionaba la Virgen de los Desamparados y bajaba Bailío.
Somos muchos los cofrades que anhelamos cada Domingo de Ramos degustar la hermosísima dualidad que representa la presencia de la Hermandad de las Penas de Santiago cuando se convierte en cofradía por obra y gracia de la Luna de Nisán. Todo ello sin menoscabo del excelente trabajo desarrollado por la cuadrilla de Enrique Garrido, capaz siempre de adaptarse al estilo que exige la cofradía que decide contar con sus servicios. Pero la tradición, el legado, la herencia recibida deben ser siempre observadas, respetadas y mantenidas. Esa es una de las responsabilidades ineludibles de cualquier Junta de Gobierno. Por favor, no nos cambien a la Virgen de la Concepción. La historia se lo agradecerá.





