Hoy, queridos lectores, les propongo un ejercicio de «supuestos», de imaginación si así prefieren llamarlo. Como todo en esta vida, el mundo cofrade tiene dos caras, la visible, y la oculta – como la luna, vaya -. La visible, llena de fe y cultos, de flashes de cámaras en los actos, donde todos aparecen deslumbrantes, con trajes impecables, siendo más protagonistas los hechos, actos y personajes que los Sagrados Titulares. Luego, el lado oculto, en el que en esa misma foto ocultan los puñales que más tarde se clavarán de forma nada fraternal en comicios electorales, así como las notas y los proyectos que pretenden llevar a cabo cuando lleguen al poder con tal de ensombrecer otros mandatos.
Ajenos a las luces de las cámaras, en la sombra, son muchos los que trabajan por las corporaciones, para engrandecer a sus Titulares, pero otros, quieren engrandecer su nombre para… ¿Beneficio propio? Y es de estos últimos, de los conspiradores, de los que quiero que hagan el ejercicio de imaginación para saber si considerarían lícita una actuación como la que a continuación voy a hacer que imaginen.
Imaginen, por un momento, que un artista realiza una serie de movimientos con el fin de presentar uno de sus trabajos en una sede canónica de una gran hermandad reconocida de manera casi universal. Imaginen que lo consigue a través de miembros de Junta de Gobierno cercanos, a los que se puede influenciar, poniendo su trabajo casi como el mejor. Los contactos llegan tan a buen término que se consigue. Hasta aquí, todo bien, las influencias en cualquier ámbito son lícitas y a veces necesarias, pero, una vez que el boom del diseñador y del miembro de la junta cercano – que ya ni es de junta ni es tan cercano – ha pasado, vuelve a ofrecerse a la hermandad, llegando a realizar una ofrenda a su titular. Pero he ahí un problema, la Junta ha cambiado, y ya no se gozan de los contactos ni las influencias para llegar al mismo nivel de titulares de la vez anterior.
Imagínense, queridos lectores, que la Junta de Gobierno considera que el beneficio propio no puede ser a costa del nombre del lugar de la presentación ni de lo que representa a nivel mediático, y, decide pararse a pensar por un momento. El artista sacro, lleno de, llamémoslo impotencia, realiza gestiones para llevar a cabo la presentación si o si, aunque sea a través de un grupo de hermanos para hacer cierta presión. Ante esto, la corporación de «Champions League» ya no puede negarse, ofreciendo el sitio, pero sin loas ni boatos como antaño, simplemente, es uno más, como siempre debió ser.
Tras este ejercicio de suposiciones e imaginación, ¿ustedes qué opinan, si esto fuera verdad?: ¿sería lícito aprovecharse de la fama de una hermandad para relanzar – o lanzar – la carrera intentando destacar sobre los demás?, ¿quizás por parte del mundo cofrade sería denominado de otra manera? El juzgar esta actitud quedaría de su mano, si algún día se supiera.
PD: Este cuento es absolutamente ficticio, no está inspirado en personaje en concreto o hermandad alguna. Cualquier parecido de esta historia con la realidad es una mera coincidencia.





