El extraordinario patrimonio de Seco Imberg para las Penas

El Lunes Santo de 1929 la Virgen de los Dolores de la Hermandad de las Penas de San Vicente estrenó su segundo palio, quizás el más singular que ha tenido en toda su historia. Según uno de los Libros de Actas de la hermandad, “este palio se componía de techo bordado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda en terciopelo negro que llevaba en su centro la Giralda en oro y rodeada de una orla de hojas de acanto y en las esquinas dispuestas de forma diagonal se ubicaban ánforas con azucenas. El conjunto se completaba con caídas o bambalinas de metal plateado, de líneas ondulantes con ovas y ornamentación vegetal calada, todo ello ejecutado por Eduardo Seco Imberg”.

Sin embargo, esta descripción no es totalmente correcta. El palio no lleva en su centro la Giralda en oro y rodeada de una orla de hojas de acanto como hemos citado anteriormente, sino un corazón atravesado por siete puñales, cuatro en su lado derecho y tres en su izquierdo y con una llama en su parte superior. Una afirmación más creíble ya que este símbolo de la iconografía mariana representa los Dolores de la Virgen, advocación de la dolorosa de esta hermandad.

Esta maravillosa pieza de orfebrería fue sustituida en 1935 cuando Doña Luisa Llosent, viuda de Isern, cedió un manto que fue bordado para la Virgen de Loreto de San Isidoro pero que en esa fecha no se utilizaba porque desde cuatro años antes lucía el que actualmente posee. La inclusión de esta obra motivó que la hermandad buscara un nuevo palio a juego con el antiguo manto de San Isidoro, vendiendo a la Hermandad del Prendimiento de Jerez de la Frontera el palio de Seco Imberg.  Finalmente, el palio pasó a la Hermandad de la Cena de Jerez en 1964. La cofradía dejó de utilizarlo en 1976, pero lo sigue conservando para sus cultos internos, así como para la salida de la Virgen de la Paz y Concordia en sus Misterios Gloriosos durante la festividad del Corpus Christi.

La aportación de Seco Imberg a la Hermandad consta de más facturas, como el respiradero que aparece en esta antigua fotografía que rodeó el paso hasta 1931, el mismo año que suprimió la guirnalda de la crestería. En 1946 este orfebre realizó más piezas para esta cofradía, como un original juego de varales, faroles entrevarales y faroles de cola en metal plateado bajo el diseño de Joaquín Pérez García. Los varales eran barrocos de orden salomónicos, pareados por helicoidales derecho e izquierdo, con ornamentación vegetal, calados, nudetes de fundición y rematados por unas esbeltas perillas; los basamentos, de forma cuadrangular, llevaban cartelas con el escudo de la hermandad despiezado. Los faroles eran de forma hexagonal con arbotantes y rematados con grandes perillas; se apoyaban sobre pies fundidos.

Dos años más tarde, la cofradía siguió estrenando más obras salidas del taller de Eduardo Seco Imberg y del dibujo de Joaquín Pérez García: candeleros en número de cuarenta, juego de jarras compuesto de veinticuatro piezas de cuatro tamaños diferentes, ocho portaguardabrisas para entrevarales, dos faroles de cola y cuatro de entrevarales.