Uno de los autores que ha bordado su nombre con letras de oro en el pentagrama cofrade es, sin duda, Manuel López Farfán, compositor de marchas procesionales legendarias que vienen sonando en nuestra Semana Santa desde hace más de un siglo. El músico, nacido un 7 de mayo en la sevillana barriada de San Bernardo en el año 1872, es uno de los grandes precursores de la música procesional cofrade tal y como la conocemos actualmente.
Farfán cursó sus estudios musicales en el Asilo de San Fernando, perteneciendo a diversas bandas militares. En 1886, con solo 14 años, ingresó voluntariamente en el ejército, concretamente en la Banda de Música del Batallón de Cazadores de Cataluña nº1, ya que su objetivo era asegurarse su aprendizaje musical con la posibilidad de obtener posteriormente un buen destino como músico militar. Perteneció también al Regimiento de Granada nº 34 y al archiconocido Regimiento de Soria nº 9, donde permanece desde 1919 hasta su jubilación, diez años más tarde, llegando a ostentar el cargo de Músico Mayor.

Al provenir de un ámbito militar, Farfán es uno de las figuras que emplea las cornetas en las bandas de música. Realizó diversas marchas procesionales, muchas de ellas verdaderos himnos de nuestra Semana Santa. Conviene destacar obras como «Pasan los Campanilleros», compuesta en el año 1924 y dedicada a la sevillana Hermandad de las Siete Palabras, que supusieron toda una revolución en el ámbito de la música procesional de aquellos tiempos, debido a sus singulares características. La marcha fue el punto de inflexión que cambió el devenir de la música procesional cofrade, debido a la introducción de la parte cantada y la utilización de campanillas. El Domingo de Ramos de 1924 la obra sonaba por primera vez en el palio de la Virgen del Socorro de la Hermandad del Amor en la popular calle Sierpes, así como en otros puntos del recorrido, gracias a la gran aceptación que tuvo entre el público. Debido al corte fúnebre de la Cofradía sevillana, la censura que tan de cerca vigilaba todo lo que tenía que ver con la sociedad de aquella época no dejó escapar la oportunidad de actuar contra “Pasan los Campanilleros”. De hecho, no fue hasta la década de los 90 cuando volvió a sonar en la Campana tras la Esperanza Macarena, a pesar de que se recomendaba por parte del Consejo de Hermandades de aquella época su no interpretación en este emblemático punto del itinerario de carrera oficial.
Sin duda, otra de sus grandes marchas es «La Estrella Sublime», dedicada a la Hermandad de la Hiniesta a pesar de la creencia de mucha gente de estar dedicada a la trianera Cofradía de la Estrella. Esta composición, cuya presencia del cuerpo de cornetas se hace más que notoria, fue compuesta en el año 1925. Como curiosidad, conviene destacar que en la partitura original, la marcha posee su trío escrito para violines. También conviene resaltar la marcha «La Esperanza de Triana», dedicada a la dolorosa trianera en el año 1925, la cual incluye una saeta escrita para un violín solista y un acompañamiento de coro a boca cerrada en el trío que esbozan una bellísima marcha, que ha sonado a lo largo y ancho de nuestra tierra durante todas estas décadas.
Marchas como «Spes Nostra», marcha fúnebre dedicada a la Esperanza Macarena en el año 1904, siendo la primera marcha conocida cuya dedicatoria es a esta popular imagen mariana, «El Refugio de María», compuesta en el año 1921 y dedicada a la Hermandad del barrio en el que Farfán nació, concretamente a la Virgen del Refugio de San Bernardo, y «El Dulce Nombre», dedicada a la Virgen del Dulce Nombre, son otras de sus obras más conocidas. La marcha «El Calvario de un Artista», compuesta por el autor en 1928, posee una larga duración, e incluye fragmentos de marchas compuestas por Farfán durante su estancia al frente del Regimiento de Soria nº 9, y viene a ser una muy buena síntesis a través del pentagrama del propio músico de lo que fue su trayectoria musical en lo que respecta a la composición de marchas procesionales.
Fallece el músico sevillano en el año 1944, concretamente en la localidad de San Juan de Aznalfarache, dejando tras de sí una deslumbrante estela de oración hecha música, que se ha grabado a fuego en el corazón de la Semana Santa no solo de Sevilla, sino de toda nuestra tierra. Sus obras han venido sonando año tras año hasta dibujar décadas de brillantez musical tras las distintas advocaciones de la Virgen María de nuestra bendita geografía, identificándose plenamente con la idiosincrasia de un paso de palio de nuestra Andalucía en la calle, desde la sobriedad y recogimiento de una obra como «La Virgen en sus Lágrimas» hasta la algarabía y gracejo de la marcha «Pasan los Campanilleros», que tantas chicotás inolvidable ha dejado inmortalizadas en nuestra memoria a través del sentido del oído. Manuel López Farfan fue un aventajado de su época, y fue responsable, en gran medida, del modo en que concebimos la música procesional en la actualidad.





