El varal | El recuerdo de un olvido

Este fin de semana se cumplen 93 años de uno de los mayores desastres de la historia de la Semana Santa de Málaga, la popular quema de conventos de 1931, una masacre que en muchas ocasiones a día de hoy queda en el olvido de muchos de los creyentes y cofrades de la ciudad.

El trascurso de los hechos fue rápido y sin una toma de medidas, por parte de la policía de la época, que fuese efectiva a la hora de palear a todos los insurrectos repletos de odio hacia el cristianismo por sus lujos y riquezas, en una etapa de hambre y crisis política.

Ya en la jornada del 11 de mayo de 1931 ardería la Iglesia de Santo Domingo. Estos grupos persistieron en su fin destructivo y se dirigieron hacia esta iglesia para posteriormente incendiarla con graves destrozos en cuanto a su patrimonio, como el manto de la virgen de la Esperanza y a la imagen del cristo de Mena, al que fracturaron una pierna.

En la mañana del día 12, y centrándonos en las pérdidas más grandes, destacaría, entre muchas otras, la Iglesia de la Merced, pues este emblemático edificio fue destruido completamente. Los grupos de exaltados iniciaron los altercados a la diez de la mañana, situándose a las puertas de esta iglesia, logrando saltarse el cordón militar que rodeaba las inmediaciones del recinto. Acto seguido irrumpieron en el interior de la iglesia tras romper las puertas. A continuación, procedieron a incendiar los altares del interior de la Iglesia, además de las imágenes del Cristo de la Sangre o la Virgen de Viñeros, además de otras efigies. Finalmente, el fuego devoró las entrañas del edificio, dejándolo prácticamente en ruinas, hasta que las fuerzas del orden pusieron fin a este saqueo con la expulsión de los amotinados del interior de la Iglesia.

Pese a los graves disturbios, algunas imágenes se pudieron salvar, como bien relatan los periódicos de aquellos fatídicos días. Así, tallas como la Virgen de los Servitas, talla atribuida al imaginero Fernando Ortiz del siglo XVII, y a la que los católicos malagueños profesaban una gran devoción tuvo la fortuna de salvarse.

Otra fue la del Cristo de los Gitanos, imagen rescatada por un grupo de fieles al ponerlo a salvo en una casa de la calle de Los Negros, además de otras imágenes que quedaron seguras gracias a la retirada a tiempo de sus respectivas sedes.

Un recuerdo en el olvido, una masacre sin razón de aquellos días del 11 y 12 de mayo de 1931.