Sor Lucía Caram: la religiosa del poder, el oportunismo ideológico y el «histrionismo populista» de consigna
Sor Lucía Caram, la insufrible monja argentina afincada en Manresa, lleva años construyendo su imagen pública como adalid de la solidaridad y la justicia social. Sin embargo, tras la fachada de compromiso y caridad se esconde una figura profundamente populista, histriónica y peligrosamente cercana al poder, que ha hecho de su hábito un trampolín para medrar en los ámbitos políticos, económicos y eclesiales.
Lejos de ser una voz incómoda para el sistema, Sor Lucía ha sabido incrustarse en sus engranajes con pasmosa habilidad. Durante años fue una presencia habitual en los círculos del independentismo catalán y se mostró cercana al entorno de Pablo Iglesias, entonces líder emergente de la izquierda populista. Pero cuando tanto el procés como el proyecto político de Podemos comenzaron a diluirse como un azucarillo en agua caliente, Caram no dudó en virar el timón y apresurarse a criticar, con la misma vehemencia con que antes adulaba, a aquellos de quienes previamente se había rodeado. La coherencia ideológica nunca fue su fuerte: su brújula siempre ha sido el foco y el poder.
Lo suyo no es una rebeldía evangélica, sino una demagogia perfectamente calculada. Se presenta como defensora de los «colectivos en riesgo de exclusión», pero su discurso, plagado de frases huecas al más puro estilo de las homilías buenistas del Papa Francisco, se ha convertido en un populismo de consigna, útil para captar titulares y afectos momentáneos, pero sin propuestas serias ni implicación auténtica en el terreno teológico o pastoral. Su presunto compromiso con los pobres ha sido más estético que estructural, más televisivo que contemplativo.
El reciente ataque contra el periodista Alejandro Bermúdez —a quien acusa de «difamar» al Papa León XIV— ha sido otro episodio más de una larga lista de intervenciones desmedidas, agresivas y teatrales. La infame frase que le dedicó en 2024 —“A todo cerdo le llega su San Martín”— no deja lugar a dudas: estamos ante una monja que dista mucho de ser un ejemplo de pacifismo evangélico. Su lenguaje, cargado de rencor, resulta incompatible con los valores de misericordia, templanza y humildad que deberían caracterizar a una religiosa contemplativa.
Cercana a los que manejan los resortes del dinero en Cataluña, Sor Lucía se ha movido como pez en el agua entre subvenciones, plataformas mediáticas y eventos con altos cargos. En paralelo, ha cultivado una relación privilegiada con los sectores más progresistas del Vaticano, proclamándose leal al Papa Francisco y ahora también al Papa León XIV, a quienes defiende como si fueran intocables dogmas de fe. Esta lealtad absoluta le ha servido como escudo para lanzar impunemente ataques a quienes no se pliegan a su visión.
Pero ni su activismo es profético, ni su protagonismo es gratuito. Es el resultado de una estrategia de visibilidad constante, de un discurso emocionalmente inflamado pero teológicamente raquítico, y de una capacidad admirable —aunque inquietante— para colocarse siempre cerca del poder que más rédito le proporciona. En ella no hay crítica estructurada ni magisterio alternativo, sino un espectáculo personalista que trivializa la vida religiosa y desnaturaliza la misión de la Iglesia.
El afán enfermizo por la notoriedad de Sor Lucía recuerda al Padre Apeles, símbolo de un sujeto con alzacuellos con una obsesión desmedida y enfermiza por la fama. Este perfil, aplicado a Sor Lucía, evidencia a una religiosa que prefiere el foco mediático y la polémica fácil antes que la auténtica vida espiritual o el servicio humilde.
Sor Lucía Caram no representa el carisma dominico ni el espíritu del Evangelio. Representa, más bien, el síntoma de una Iglesia que ha confundido el compromiso con la militancia ideológica, la misericordia con la consigna y la denuncia profética con la crispación televisiva. Y lo que es peor: representa un clericalismo seudoprogresista que, lejos de construir, polariza, enfrenta y destruye.
El tiempo de los falsos profetas con hábito, que confunden el Evangelio con el espectáculo mediático, reclama discernimiento y silencio. Virtudes que, lamentablemente, Sor Lucía Caram parece no poseer, entregada como está a una búsqueda constante de protagonismo y a una relación demasiado cómoda con el poder establecido, tanto político como eclesiástico, representado por el pontificado lleno de palabras rimbombantes y con trasfondo hueco del Papa Francisco y el melón por calar de su discípulo el León.
Notas a pie de página:
- Sor Lucía Caram contra Alejandro Bermúdez: declaraciones y denuncias recientes
https://www.religiondigital.org/sor-lucia-caram-denuncia-ataques-bermudez-2025.html - Ataques públicos de Sor Lucía Caram a periodistas católicos y frase “A todo cerdo le llega su San Martín” (2024)
https://twitter.com/SorLuciaCaram/status/1552024873829550080 - Entrevista a Sor Lucía Caram en Naciodigital sobre independentismo catalán
https://www.naciodigital.cat/noticia/158777/caram-defiende-independencia-catalunya - Críticas de Alejandro Bermúdez a Sor Lucía Caram y defensa del Papa Francisco
https://www.aciprensa.com/noticias/sor-lucia-caram-ataca-al-periodista-alejandro-bermudez-24587 - Relación de Sor Lucía Caram con Pablo Iglesias y círculos políticos catalanes
https://www.elperiodico.com/es/politica/independentismo-catalunya-sor-lucia-caram-2014-2024-8127562 - Denuncias y polémicas sobre Sor Lucía Caram y su activismo social
https://www.elpais.com/espana/sor-lucia-caram-y-su-accion-social.html - Vinculación de Sor Lucía con el Papa Francisco y Papa León XIV
https://www.vaticannews.va/es/papa-francisco/leon-xiv-apoyo.html





