La hipocresía en el mundo cofrade es un algoritmo tan complejo, que para averiguar su solución, tardaríamos una vida entera. Aunque, en realidad, hay gente a la cual no le interesa que esto cambie. Porque realmente es así. Un día eres el más querido en tu cofradía o en la misma agrupación, y al siguiente, te cambian de puesto, tirando así la indirecta, de que te marches. Entonces es cuando comienzas a darle vueltas para encontrar el «por qué» han hecho esto.
A la semana siguiente hay otra persona, menos cualificada, sin ningún tipo de ideas y absorta del mundo cofrade. Ah, y se me olvidaba, con todo el trabajo y esfuerzo realizado por ti hecho, que como verás ha sido en vano porque quien realmente se lo ha estado currando has sido tú y no quien se va poner las medallitas, que quieren que pases por una persona más. Ya que la otra persona, la cual no ha parado de comerle la oreja o bailarle las aguas -llámenlo como quieran, yo no puedo decir por aquí el nombre exacto porque no queda acorde- hasta que ha conseguido lo que se ha propuesto, o sea, echarte.
Una triste realidad en la que convivimos todos aquellos que nos gustan «los santos», como diría un buen amigo mío. Hipocresía pura, cuando un cofrade debe de ser antes cristiano que cofrade en si. Y llevarnos todos bien, o, al menos, aparentarlo y dejarse de avaricia, que recuerden es un pecado capital. Aún sigo preguntando cómo hay tan buen cofrade desaprovechado por ahí, y siempre que lo hago llegó a la conclusión de que no es por esa persona, sino, por el resto y los que están detrás de hermanos mayores, presidentes, etc… Porque será que el miedo a que se hagan las cosas bien de verdad, que gente competente trabaje o el bienestar de una corporación, les llenará el cuerpo de diarreas y cagaleras. Luego, nos quejaremos de Córdoba. Una pena de verdad, que se desaproveche tan buena gente en este mundo banal.
En definitiva, la misma mierda de siempre y lo peor, es que esto a mí me deprime porque estos acontecimientos, dignos de ser narrados por el mismísimo Homero, hacen que nuestro patrimonio, sea el que sea, decaiga. Porque quitando una pequeña minoría, en Córdoba se puede presumir de terciopelos lisos. Claro que sí, campeón.





