Hipocresía cofrade

Lamentablemente vivimos en un mundo de hipócritas, que dicen una cosa y hacen otra, o incluso critican algo que son los primeros en hacer. El mundo cofrade no se libra de esto, aquí encontramos al hipócrita cofrade, un caso reciente lo hemos visto en las redes sociales debido a esta situación en la que nos encontramos con la pandemia del Covid—19 , que ha provocado que este año no hayamos disfrutado, entre otras cosas, de las cofradías en la calle en Semana Santa o de momento, de algunas glorias y sacramentales, motivo por el que surgió la idea espontánea de pedir una procesión magna cuando finalice la pandemia a modo de acción de gracias.

El debate quedó abierto, gente que estaba de acuerdo, y que incluso veía más allá de las ganas de ver un paso en la calle, veía una forma de recuperación económica de la hostelería y los hoteles de la ciudad que un evento así conllevaría, y otras que se echaban las manos a la cabeza ante esta idea, abogando que lo primero es pensar en salir de esta situación, (algo obvio y primordial), y ya luego pensaríamos en sacar pasos, o directamente tacharnos a los cofrades de que sólo pensamos en lo mismo, aún estando en un momento complicado a nivel nacional e incluso mundial.

Y aquí vemos algunos casos de hipocresía a lo que refiero, la mayoría de estas personas que se escandalizaban por la idea sugerida que llegó a tantear la archidiócesis, sin quitarles parte de razón, seguramente no me cabe duda que al enterarse de que se va a poner una cruz de guía en la calle se pondría los primeros en la puerta de la iglesia, y se echarían a la calle, queda muy bien ahora mismo mostrar una sensatez que luego no es consecuente con los actos que haremos más adelante, a una gran parte de la ciudad nos gusta un paso en la calle, y no tardaríamos nada en ir a verlo. Antes de echarnos las manos a la cabeza ante una propuesta o idea, pensemos consecuentemente si seríamos los primeros en participar de ella.

Pero hay otro ejemplo claro de hipócrita cofrade que siempre se ha dado y se dará en este gran mundo. Hablo de los que se dan golpes en el pecho por su hermandad, alardeando que pertenecen a ella, yendo de abanderado de la misma, pero luego solo la pisan el día de la salida, el resto del año ni se acuerdan de ella. También está el que ni siquiera lo siente, o incluso ni siquiera es creyente, pero se pone el pin de cofrade y se vuelve devoto del Cristo o de la Virgen que sea cuando viste la túnica de nazareno entre sus filas o sale a ver la procesión, o el que sale a ver las cofradías por distracción con los amigos o porque “es lo que hace todo el mundo esos días”, y queda muy bien id arreglados por la calle y hacerse la típica foto y tal, lo que hoy llamamos “postureo”.

Entre las trabajaderas y las filas de músicos también se dan casos de hipocresía. Hay quien le gusta mucho lucir su musculatura y pasear con un costal bajo el brazo o tocar un tambor o una corneta, pero les he indiferente qué llevan arriba o delante. En definitiva, ser cofrade no es un pin que te puedes quitar y poner cuando quieras, tampoco es un carnet que te sacas y ya desde ese día ya lo eres, ser cofrade es algo innato, se debe nacer con ello, sentir a Cristo y a la Virgen. Hay personas que podemos decir que son aficionados a la Semana Santa y a las procesiones, a modo cultural y artístico pero no creyentes, puede ver por primera vez un paso por las calles y llamarle la atención y encontrar una nueva afición, pero nunca será cofrade, se nace no se hace, dejemos la hipocresía.