Cruz de guía, Opinión

La coyuntura que desencadenó la tempestad

Buscar el quid de la cuestión es el objetivo de muchos de los que hoy se preguntan el por qué. La tempestad se desencadenó sobre nosotros. Era algo ya predicho y el problema sigue estando ahí.

La escasez de portadores ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza de Hermandades y Cofradías a lo largo y ancho de la extensa Andalucía, un asunto encubierto- encubierto porque muchas Corporaciones se encargaron de ocultarlo a la opinión pública por pura timidez- de extrema gravedad que por fuerza ha destapado la botella de gas a presión que ya suficiente empuje soportaba.

Mucho se ha comentado sobre esto en los derroteros que ha seguido el orbe cofrade ante la tesitura de un mal endémico que se abalanzaba sobre nosotros, pero nadie ha dado en la tecla de un problema que se ha multiplicado como una infección galopante ante la mirada perdida de los que debían tomar decisiones. Y por ende el «plan» ha sufrido muchas carencias, por no decir fracasado.

Las miras estaban puestas en el único objetivo que tenían las Agrupaciones y Consejos, que no era otro -lógicamente- que retornar a las calles con una Semana Santa como las de antaño, pero nadie pensó en la forma ni en la cantidad. La clave estaba en volver como fuera y ese ha sido el error que hemos cometido.

Lejos del paraíso terrenal que ocupa la vieja Híspalis, el extraño síndrome del capillita desganado ha defenestrado las teorías de muchos cofrades que auguraban de un futuro próspero tras dos años en blanco por falta de procesiones. Nada más lejos de la realidad, la situación ha desvelado la necesidad intrínseca de costaleros y hombres de trono ante una terrible crisis que ha golpeado todos los estamentos de la vida.

Y es que la cruda dimensión en la que nos movemos se ha vuelto contra nosotros y ha dejado dolorosas imágenes que quedarán para la posteridad, como la de la Esperanza Franciscana de Jerez de la Frontera regresando a su sede canónica por la falta de costaleros o la triste estampa de un galeón a ruedas por las calles de Linares protagonizado por el paso del Sagrado Descendimiento de la ciudad minera.

Además, el incipiente retroceso en el tiempo nos ha retrotraído a edades en los que los jornaleros eran los que soportaban el peso de la trabajadera a cambio de una asignación, hecho del que ya han dado buena cuenta localidades onubenses como la de Nerva y este año en Ayamonte.

En el ámbito del hombre de trono la situación no ha sufrido un mejor sino. Y es que el ya de por sí remarcado tópico de la crisis de personal en los tronos que ha dado tanto que hablar en años pretéritos ha renacido con más fuerza y ha proliferado a lo largo del conglomerado de Hermandades malagueñas de penitencia. Humildad o Dolores del Puente han sido dos de los últimos exponentes en unirse a las ya clásicas como Descendimiento o Santa Cruz, Cofradías con menos acervo devocional que las denominadas grandes que han adolecido de un problema que, desgraciadamente, va in crescendo.

En definitiva, es lícito afirmar que el azote de la pandemia ha sido uno de los principales causantes de esta crisis de portadores, pero yo quiero remarcarlo como el verdadero acelerador de este mal endémico que ya acechaba en las sombras en los años pre-pandémicos. Una situación originada por una falta de relevo generacional y la aparición de nuevas tendencias en los jóvenes quienes a su vez ven en ellas un ente más atractivo.