La puerta de los corazones y los sueños

Hoy ha sido uno de esos días en que la luz de la mañana nos ha iluminado y ha iluminado a aquellos que en la toma de decisiones han tenido parte de su labor. Hoy ha sido ese día, en que las puertas se han abierto y la luz empezó a iluminar la penumbra y la oscuridad de días pasados. Hoy, tras muchos pataleos, idas y venidas, informes, escritos y demás, al fin, los planetas confluyeron y el fluir de las energías ha vuelto a ventilar aquella suciedad y resquemor que se acumulaba por los rincones, o en los corazones de algunos. Hoy, después de un acto simple, valorado y meditado, se ha atendido a la petición traída y llevada de una mayoría. Una mayoría que puede o no estar en lo cierto, pero que con sus argumentos y estudios, han conseguido abrir los ojos y dar la suficiente consistencia a sus peticiones.

Hace tiempo que, como tradición evolutiva que es, la Semana Santa de Córdoba inició su proceso de cambio y no lo hizo por cuestionar los recorrido, o por ver el lugar más idóneo para el transitar de sus cofradías, lo hizo y lo está haciendo desde el interior, en el seno de cada una de las corporaciones, en el seno de cada una de las personas que las componen, en las cuadrillas de costaleros, en la difusión, en las redes sociales, en la opinión y en las formas, en el respeto, en los valores y en muchas otras cosas. En mi opinión esta evolución ha traído algunas cosas muy positivas para los cofrades y para las cofradías, pero quizás, no tanto para el verdadero sentido de lo que hacemos y de lo que representamos.

Hoy se ha iniciado un cambio, un cambio que permite dar ese paso definitivo para que nuestras hermandades puedan realizar una penitencia distinta. No voy a entrar en si más o menos profunda por hacerla dentro del principal templo de la ciudad, porque considero que la penitencia, el recogimiento y la fe, no necesitan de vestimentas, ni de costales, ni de túnicas, basta con el recogimiento de una capilla, con la mirada limpia, o sucia pero arrepentida hacia nuestros titulares, con el abrazo sincero a nuestros hermanos, con el apoyo al que sufre, o simplemente con evitar la crítica destructiva y la envidia. Creo que estamos generando un halo superfluo alrededor de lo que realmente es y debe ser la estación de penitencia, no podemos quedarnos en el barato argumento de que estamos dando testimonio vivo de Fe, cuando bajo unas trabajaderas, bajo un cubre rostros, o detrás de una chaqueta, prima el ego, los intereses y el protagonismo. No deberíamos seguir las premisas vacías de la sociedad actual, anteponiendo la capacidad recaudatoria, el impacto económico, la estética del entorno, a lo espiritual, a los valores, a los sentimientos, si nos quedamos en esto, estamos confundiendo los términos y entonces, ¿de que sirve ir a la Catedral? ¿Por qué vestir túnica o costal?