Santa Marina ha brillado de manera excepcional este inolvidable Día de la Inmaculada Concepción, por obra y gracia de la sonrisa inabarcable y majestuosa de la Reina de la Alegría que ha inundado con su magia celestial cada rincón del templo fernandino. Una belleza incontenible que ha tornado en inusitada felicidad el corazón de los miles de cordobeses que han peregrinado de templo en templo para reencontrarse con la mirada profunda de la Madre de Dios que en el corazón de la devoción popular del Barrio de los Piconeros ha mutado en reconfortante caricia para el espíritu, como la que ha sentido nuestro compañero Antonio Quintero al mirar cara a cara a la Virgen de la eterna sonrisa.
La Virgen de la eterna sonrisa








