La Virgen del Camino, el retorno fugaz de una devoción centenaria

La Virgen del Camino es una de esas devociones que acabaron sepultadas en el olvido. No es extraño encontrar imágenes que antaño gozaron de una importante devoción y que el paso del tiempo acabó postergando en cenobios, parroquias o capillas. Es el caso de la que fuera titular mariana de la hermandad del Ecce Homo, que el día de los Dolores de María resurge en la parroquia de San Nicolás.

Cuando uno se acerca a la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, llamada así porque antaño fue ocupada por una imagen mariana con esta advocación, observa que en el centro aparece una Virgen con las manos entrelazadas, con postura genuflexa y cuya altura no sobrepasa los 1,22 centímetros. Se trata de la Virgen del Camino, de candelero, titular de la extinta hermandad del Ecce Homo, que tenía su sede en el hospital de los Mártires, actual c/ Pagés del Corro ― conocido por aquel tiempo como el barrio de San Sebastián, por una ermita donde se veneraba dicho mártir ―y que hacía su estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo a la catedral de Triana, con dos pasos. El visitante podrá contemplar el sabor añejo de la antigua imaginería, en una dolorosa fechada en torno a la primera mitad del siglo XVIII. El profesor Roda Peña la sitúa próxima al círculo roldanesco, aunque otros estudiosos apuestan por el de Cristóbal Ramos.

El vacío existente en torno a la hermandad del Ecce Homo así como a las imágenes titulares, ha dado pie a varias conjeturas que oscilan entre las leyendas y la realidad. No se sabe cuándo se fundó, aunque ya existía en 1542 y llegó a tener tal devoción que era una de las que asistía a la festividad del Corpus durante el primer tercio del XVII. Con el paso del tiempo y tras las inundaciones que sufrió el barrio, sobre todo a finales del XVIII, comenzó a quedarse aislada. Los trianeros fueron abandonando aquella zona, de la que solo permanecieron en pie un par de edificios, siendo uno de ellos la citada capilla. A estos problemas se añadió la crisis que atravesaba Sevilla, lo que provocó el decaimiento de la hermandad y su inevitable ruina.

La Virgen del Camino así como el titular cristífero fueron trasladados a la iglesia de Los Remedios pero, tras el estallido de la Gloriosa, en 1868, llegaron a Santa Ana, la parroquia a la que visitaban cada tarde de Jueves Santo. En 1880, la dolorosa acabó en San Nicolás, ocupando el lugar que antaño ocupó la Virgen de los Dolores. En cuanto al Cristo, según Montoto, llegaría a San Ildefonso, donde, por aquel entonces, residía la hermandad del Calvario, fusionándose con esta. Aquel Cristo trianero terminaría siendo el actual titular de la hermandad de la Salud y Buen Viaje, la corporación del Martes Santo con sede en San Esteban.

En cuanto a la Virgen del Camino, una imagen de candelero, se encontraría en San Nicolás con un Nazareno que provenía también de una populosa hermandad, como era la de la Antigua, y que también acabaría siendo olvidada. Esta imagen cristífera, de un tamaño inferior, acabaría siendo rescatada por un grupo de hermanos de la collación de San Nicolás para fundar una hermandad, una vez que los titulares de los Gitanos se marcharon de allí. Fue entonces como nació la corporación de la Candelaria, cuyo titular es el actual Señor de la Salud. En cuanto a la dolorosa, los fundadores decidieron encargar la realización de una imagen de candelero a Manuel Galiano Delgado, en 1924.

La Virgen del Camino vivió tiempos gloriosos en el viejo arrabal. Conoció el olvido, y contempló en San Nicolás cómo llegaba un Cristo de otra hermandad extinguida, mientras el titular de la hermandad a la que perteneció, el Ecce Homo, terminaba en San Ildefonso. Los años vieron, tanto al titular de aquella corporación como al de la Antigua, cómo el olvido las rescató para formar parte de cofradías del Martes Santo. Ella, en cambio, sigue en el retablo de la nave del Evangelio de San Nicolás. Aunque restaurada por José Pérez Conde en 2014, el hecho de haber permanecido ajena a las nuevas épocas, provoca que todavía guarde ese halo añejo que cada 15 de septiembre podemos contemplar en todo su esplendor en la parroquia de San Nicolás.