El Capirote

Pero qué invento es esto

Hubo un tiempo, años atrás, en que nuestras célebres estrellas se paseaban por los platós de televisión para enseñarle a España sus nuevas conquistas. Y allí nos encontrábamos a Marujita Díaz o a Sara Montiel con desconocidos maromos que saltaban a la palestra. Y un día, esta última fue sorprendida a la salida de los juzgados con Tony Hernández, que también se paseo por todo espacio rosa que pudo, como el cofrade que te encuentras en todas las procesiones para que sea visto más que para ver. «Pero, ¿qué invento es esto?» se apresuraba a decir Sara rodeada de curiosos que la felicitaban por un matrimonio que ella desmentía.

La frase en cuestión permanece en el imaginario colectivo y con ella se han bautizado capítulos de series, series mismas, programas de televisión y un sinfín de productos. Una frase que la última vez que la escuché emitió un grupo de cofrades hace un par de días en una conocida cafetería del centro cuando descubrieron el cartel que protagoniza la procesión de la Virgen de los Reyes que por fin saldrá al encuentro con los fieles tras dos años de pandemia en su día, pues ya pudimos verla en diciembre del año pasado en procesión extraordinaria.

Para anunciar el Día de la Virgen que celebra Sevilla el Consejo se ha esmerado buscando un cartel que sorprenda. Y así ha sido. Se trata de una fotografía que recoge la representación de la patrona en el paño central del respiradero lateral derecho del paso del Señor de la Pasión. Este invento de anunciar con una fotografía de un enser donde se muestra a la Virgen de los Reyes nace el año pasado y como el Consejo no ha tenido tiempo de ofrecer una producción pictórica ha continuado por esta misma senda.

El grito lo han puesto en el cielo no pocos sevillanos de a pie. El cartel anunciador ni está a la altura de la ciudad ni mucho menos de la patrona. Una fotografía como podría ser la de cualquier tertulia cofradiera –con todos los respetos a éstas– ¿es la mejor herramienta para anunciar el 15 de agosto en Sevilla? Ensalzar la devoción a la patrona es hacer prevalecer nuestras tradiciones. Ella se merece lo mejor. ¿Quién se imagina la Semana Santa anunciada con una fotografía de una reproducción, no ya ni de la imagen misma? Un cartel sirve para informar de un acontecimiento, pero la procesión de la patrona de Sevilla y su archidiócesis es sin duda más que un evento. La devoción a una imagen se mantiene con el paso de los siglos cuidando todos los detalles, hasta la más mínima insignificancia. Y más que un mero acontecimiento es sin duda poder contemplar a nuestra madre en la jubilosa mañana donde todo es perfecto.

Sucede este movimiento en verano, cuando la ciudad es un desierto, porque quienes no están en las costas se resguardan en sus casas ante semejantes temperaturas. También prefieren mantenerse ocultos los que en las redes encuentran la fama que tanto ansiaban porque, aunque sus comentarios no pasan desapercibidos en reducidos círculos no son capaces de expresarlo públicamente. Quién sabe si no mueven ficha por el temor a que sus artículos no aparezcan en el boletín de cofradías, como aquel que cambió su nombre como lo hizo María Antonia Abad, o el rancio engominado –chaqueta años 40– que se pirra por un pregón como hacía Tony Hernández cuando se hallaba en suelo patrio. Una caterva que cree saber de todo como los periodistas que daban detalles de la boda de Saritísima y que ahora, curiosamente cierran la boca, como lo hace el informador démodé casi sin despeinarse. Al final, el mundo de la farándula no es tan distinto como el de las cofradías, camino de convertirse en mundillo. Entre quienes hacen, dejan hacer y no hacen nos está quedando un universo fantástico.