Cambió al domingo, al mediodía, como en Sevilla. Cambió, por segundo año, la presencia de la Cruz Guiona (pendiente de restauración, lo que parece menos importante que paralizar la actividad de hermandades) y llegó la nueva cruz arbórea de Pasión. Pero el pregón de la Semana Santa de Córdoba regresó a las viejas costumbres, a la influencia malagueña, a los “charlistas” de mediados del siglo pasado.
No estaba Pemán, pero sí de presentador un ex concejal del PSOE, ahora rector de la UCO, Manuel Torralbo. Y una eminencia ante el atril, el presidente de la RAR, el pozoalbense, Santiago Muñoz Machado, que ha visitado poco la Semana Santa, como reconoció en una entrevista previa, pero como a los “charlistas” no le hacía falta para aceptar ser pregonero, para dar una lección magistral a los asistentes., que tampoco los hubo en exceso, con bastantes huecos en la zona de protocolo y en l parte alta del teatro, donde suelen estar los cofrades que nos van por invitación.
Tras el concierto previo de la banda de siempre (aunque han cambiado de uniformidad) la de la Esperanza, comenzó la clase. La misma fue leída, no recitada, porque el concepto de charlista ha evolucionado y ahora se trataba de comenzar con una lección de historia para el inculto pueblo cordobés. Y esto si recitar, leyendo a folio tendido.

El temario, que no el pregón, prosiguió con una clase de historia propínela de la ESO o del antiguo BUP. O la exposición de una tesis doctoral, de las que cuesta digerir, mientras en Sevilla se pregonaba así: «El Gran Poder te busca, el Gran Poder te espera y el Gran Poder te salva. El Gran Poder es el Señor de Sevilla y el Hijo de la Esperanza”. Aquí íbamos de la Edad Media a Trento.

Plano, falto de emoción, durante muchos minutos se aguardó que llegara algo parecido a lo que cualquier hijo de vecino, no un catedrático o algún iluso, considera los cánones de un pregón. O a nombrar a Juan de Mesa, patrón de los devotos, por su nombre y no Juan de la Mesa. O a no haber sido informado que, De Santiago, ya solo salen las Penas.
Un aplauso tras una hora de pregón dio la medida de un error. Y es que si se trata denunciar las bondades de la Semana Santa de Córdoba, mejor mirar los carteles de la estación del AVE de Atocha.






