La Semana Santa de Córdoba, una de las más antiguas y emotivas de España, es una celebración que combina la fe, la tradición y la cultura en un espectáculo único que atrae a miles de personas cada año. Sin embargo, la designación del catedrático de Derecho Constitucional Santiago Muñoz Machado como pregonero de la Semana Santa de Córdoba 2025 generó una gran controversia entre los cordobeses y los amantes de la Semana Santa en general, quienes esperaban una figura que pudiera transmitir la esencia y la pasión de esta celebración y no un erudito en diversas materias pero un auténtico profano en el conocimiento de la Semana Santa de Córdoba, la de verdad, la que late en sus calles y plazuelas, entre los cordobeses y sus cofradias, respirando el olor del incienso y la cera, sintiendo el rachear de las zapatillas costaleras y escuchando el crujir de las trabajaderas; y jamás, jamás, se puede aprender a través de los libros ni de discursos escuchados a terceros.
El problema no radica en la trayectoria académica o en la capacidad profesional de Santiago Muñoz Machado -dejemos al margen su capacidad oratoria-, sino en su falta de conexión con la Semana Santa de Córdoba. Un desconocimiento que se hizo evidente en sus declaraciones y actitudes, pero, sobre todo, en su pregón, absolutamente ajeno la realidad de la Córdoba Cofrade, del significado de su Semana Santa y de la esencia de sus cofradías y de sus devociones, y que generó desconexión con el público que se dio cita en el Gran Teatro de Córdoba, lleno de cofrades que han dedicado su vida a la Semana Santa cordobesa y que no se sintieron reflejados en la prédica del pregonero. La ausencia de una relación profunda con la celebración se tradujo en un pregón, leído como quien lee un ensayo, que careció de la pasión y la convicción que han de caracterizar a este acto.
¿Cómo se puede pregonar algo que no se conoce? ¿Cómo se puede hablar con pasión y convicción de algo que no se ha vivido? La respuesta es simple: no se puede. Un pregón sin alma, sin conocimiento de la verdadera Semana Santa y sin pasión es un pregón que no merece la pena escuchar, por muy bien escrito que esté. Al pregón no se va a aprender, al pregón se va a sentir. Ser capaz de transmitir el sentimiento que subyace a la Semana Santa de Córdoba requiere comprender su autenticidad para ser capaz de traducirla a un texto que transmita el sentimiento que requiere un pregón, que no es un espectáculo para turistas o forasteros, ni un evento para políticos, ni un mero género literario, por más que haya quien, cegado por su soberbia, esté convencido de lo contrario. Es un acontecimiento que pertenece a los cordobeses, a los cofrades que la han vivido y la han transmitido de generación en generación. Por eso sólo un cofrade debe ser elegido para ostentar este privilegio.
Por eso es fundamental que el pregonero de la Semana Santa de Córdoba sea alguien que conozca y respete la tradición, alguien que haya vivido la Semana Santa cordobesa y que pueda transmitir su pasión y su conocimiento a los demás. Aunque Santiago Muñoz Machado es un reconocido escritor y académico, pero su erudición y conocimientos teóricos, que nadie pone en duda, no pueden reemplazar la experiencia y la vivencia directa de la Semana Santa de Córdoba. La teoría y el estudio pueden proporcionar una base sólida para entender la historia y la tradición de la Semana Santa, pero jamás pueden sustituir la emoción y la pasión que se sienten y se aprenden al vivir la celebración de primera mano.
En este sentido, en mi opinión, más allá del importante esfuerzo realizado por la Agrupación de Cofradías con el objetivo de convertir el pregón en un acontecimiento social a la altura -este es el camino-, la designación de Santiago Muñoz Machado como pregonero de la Semana Santa de Córdoba 2025 ha sido una apuesta arriesgada que ha salido mal, un error que ha generado una gran decepción entre la mayor parte de los cofrades cordobeses. Esperemos que en el futuro se tenga más cuidado al elegir al pregonero de la Semana Santa de Córdoba. Y que sean capaces de encontrar en casa lo que no es necesario buscar fuera. Esperemos que se elija a alguien que conozca la tradición -y no la documentación- en primera persona, alguien que haya vivido la Semana Santa cordobesa y que pueda transmitir su pasión a los demás. Alguien que conozca lo que somos y no ofrezca un pregón en el que únicamente se ha aplaudido al concluir. Solo así podremos disfrutar de un pregón que nos haga sentir la esencia y la pasión de la Semana Santa de Córdoba, un pregón que merezca la pena escuchar.





