Rafael Zafra, el hombre que protagonizó la revolución

La historia de las hermandades se halla íntimamente ligada al nombre de algunos de sus personajes esenciales, aquellos que de un modo u otro han marcado época y protagonizando acontecimientos singulares fundamentales en su devenir. Generalmente se trata de personajes relacionados con alguna manifestación artística, músicos, imagineros, orfebres, tallistas o diseñadores o con el mundo de la trabajadera. Sin embargo, existe otra categoría de protagonistas cuya presencia ha supuesto un antes y un después para la Semana Santa cordobesa, nombres propios que más allá de cualquier consideración de índole personal, merecen el respeto y el reconocimiento de toda la Córdoba Cofrade.

Uno de estos personajes fundamentales es Rafael Zafra León, que nació tal día como hoy de 1943 en la cordobesísima calle Lineros en el mismísimo corazón del barrio de San Pedro. Por esta razón, al igual que muchos niños del barrio, fue bautizado en la misma pila en la que fue cristianizado Juan de Mesa, un hecho que pareció querer determinar desde su más tierna infancia su condición de cofrade además de ejercer como testigo nada menos que el universal matador de toros Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, al ser éste íntimo amigo de su padrino y tío, Enrique León, casi nada. Personaje controvertido por sus manifestaciones siempre alejadas de lo políticamente correcto, desarrolló sus estudios académicos de bachillerato superior en Colegio Cervantes de los Hermanos Maristas, y su actividad laboral en diversas empresas cordobesas hasta que se ocupó la regencia de la conocida Cafetería La Gloria, situada en la Calle Claudio Marcelo.

Rafael Zafra se ha ido convirtiendo paulatinamente con el paso de las décadas en todo un referente para la historia contemporánea de las hermandades cordobesas. Con tan sólo cuatro años fue niño hebreo en la cofradía de la Entrada Triunfal, la popular Borriquita, que entonces residía en la iglesia de la Trinidad. No obstante, la cofradía en la que desarrolla su actividad cofrade, su cofradía es en la Hermandad de la Expiración, donde se incorporó a los once años. Su vocación cofrade, según cuenta el propio Zafra, tuvo su punto de origen en la Madrugá sevillana de 1950, “una experiencia que le marcó para toda su vida”. Aquella noche descubrió realmente el universo cofrade y sitió la necesidad de formar parte de él.

A los 18 años entró a formar parte de la Junta de Gobierno de la Expiración, corporación en la ocupó el cargo de hermano mayor entre los años 1970 hasta 1976, siendo nuevamente reelegido en los años noventa. Su gestión en la cofradía de San Pablo, fundamentalmente en su primera etapa, puede ser catalogada como de una auténtica revolución. Su visión innovadora ejerció una enorme influencia en la realidad de la Semana Santa de Córdoba que a la sombra de su figura, sufrió una metamorfosis decisiva.

Bajo su mandato se crea la primera cuadrilla de hermanos costaleros, al frente de la cual estuvo el inolvidable Rafael Muños Serrano, otra de las figuras esenciales de la Córdoba Cofrade, se cambiaron los exornos florales artificiales por flores naturales, se sustituyó la iluminación eléctrica por la cera derretida, se creó la primera caseta cofrade de feria de Nuestra Señora de la Salud y fue pionero en multitud de iniciativas , como la publicación de carteles de su cofradía. Iniciativas, muchas de ellas, tildadas como revolucionarias en diversos foros lo que le reportó sonoros enfrentamientos con diversas instancias de llos que el tiempo ha demostrado que salió airoso, dirigiendo el rumbo de las cofradías cordobesas por la ruta adecuada.

También la Agrupación de Cofradías de Córdoba contó con su arrolladora personalidad, primero como vocal y más tarde como presidente, entre los años 1975 y 1979. Posteriormente acompañó en su mandato, nuevamente como vocal tanto a Manuel Laguna y Juan B. Villalba. Su mandato estuvo marcado por la incorporación de las bandas de música tras los pasos de las cofradías, el fomento de la creación de cuadrillas de hermanos costaleros y reduciendo toda la parafernalia civil y militar” que con anterioridad abundaba en los cortejos procesionales, a su mínima expresión. Tiene en su haber la condición de hermano del Sepulcro, la Misericordia, Ánimas y la Merced, además de su Expiración. Además fue Pregonero de la Semana Santa en el año 1988 y nombrado Hermano Cofrade Ejemplar en el año 1994.

Fundó, junto a otras figuras relevantes como Fray Ricardo de Córdoba, Guillermo Giménez de la Linde, Francisco Mellado, Manuel Ruiz, Antonio Lozano, Juan Quero, Javier Romero o Lorenzo de Juan, la Tertulia Cofrade Juan de Mesa, un foro de opinión que nació con el objetivo de perpetuar el impulso protagonizado en la Semana Santa de Córdoba por figuras como Rafael Zafra, siempre bajo un marcado espíritu crítico con el deseo de impulsarla y mejorarla. Cada año, la Tertulia entrega al pregonero de la Semana Santa de Córdoba unas pastas hechas en cordobán en la que va grabada la firma de Juan de Mesa, siendo una acontecimiento social ineludible que se repite cada primavera.

Elogiado y criticado, como todos los personajes importantes, pero siempre respetado, Rafael Zafra ha luchado a lo largo de todos estos años por situar a la Semana Santa de Córdoba en el lugar que merece otorgándole la importancia debida, promoviendo la incorporación de multitud de elementos que hoy parecen ineludibles pero que hace tan solo unas décadas resultaban impensables y el desecho de factores perfectamente prescindibles, siempre con la mirada hacia un futuro que un día pudo parecer una entelequia pero que hoy se ha convertido en una insultante realidad.