El padre Julián Lozano, sacerdote de la parroquia de Santa María Magdalena de Ciempozuelos, Madrid. Una miserable pintada que demuestra un odio atávico, perpetrada por quiénes son incapaces de vivir en sociedad con sus semejantes, ha mancillado los muros del templo.
Una repugnante pintada que recuerda a tiempos pretéritos que algunos sectores vinculados a un sector político perfectamente identificados parecen querer recuperar, empujándonos a una nueva contienda fratricida, y que es prueba fehaciente de que los cristianos somos el objetivo a destruir. Sujetos que pertenecen a una parte de la sociedad «enferma de ignorancia, enferma de odio y de idiología», como el propio sacerdote afirma en el vídeo.
Lamentablemente, a raíz de semilla del resentimiento, sembrada durante el desgobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, encaminada a dividir a una sociedad que había aprendido a convivir con el objetivo de enfrentarla, comenzaron a multiplicarse este tipo de atentados contra la Iglesia católica, contra los católicos. Ataques indiscriminados que van in crescendo sin que desde los poderes públicos parezca existir interés alguno por sentar las bases para que cesen.
Quizá haya que esperar a lamentar desgracias humanas para que actúen determinados sectores políticos, que se enervan cuando aparecen pintadas en las fachadas algunas sedes de partidos políticos y guárdame un silencio cómplice cuando atentado similares tienen por objeto templos cristianos. O quizá haya llegado el momento de que los cristianos aprendamos que tenemos que defendernos.





