60 corazones para materializar un sueño

Caen los días de esta inmaculada Cuaresma como las gotas de cera caen sobre el candelero derramándose en miles de promesas y a medida que trascurren las jornadas, las distintas cofradías culminan paulatinamente las tareas encaminadas a que la próxima Semana Santa todos los anhelos se concreten son el mayor esplendor. Es el caso de las cuadrillas costaleras que ultiman su preparación para otorgar la gloria debida al caminar de María Santísima y su Hijo por las calles de nuestras localidades que se preñan de ensayos costaleros concediendo un color especial a la incipiente primavera.

La tarde-noche del domingo se convirtió en Sábado de Pasión en uno de los barrios más populares de la ciudad de San Rafael, el Parque Figueroa. Un barrio donde muchos cordobeses soñaron durante décadas que el aroma del incienso se impregnase por cada rincón de su fisionomía y en el que poco a poco ha ido germinando la semilla cofrade con una fuerza inusitada. Hoy es una fructífera realidad lo que hace años pareciese una entelequia, que una tarde cualquiera de primavera, unos hombres vestidos de costalero, se hicieran presentes en sus calles con el único objetivo de honrar con su esfuerzo a la mismísima Madre de Dios.

Bajo el cielo de marzo se dieron cita 60 corazones para materializar un sueño de cofradía, 60 almas al servicio del esfuerzo colectivo, 60 hombres construyendo un futuro de ilusión por obra y gracia de su amor a Nuestra Señora de la Penas que de la mano de su capataz, Rafael Cerezo, caminan siempre adelante, con paso firme, como los buenos costaleros, en esta maravillosa chicotá que encauce sus sueños y los convierta en una incontestable certeza. 60 costaleros que evidencian su compromiso con un proyecto global que florece con cada gota de sudor y con cada fracción de esfuerzo que hace ya dos años empezó a cimentar lo que ahora se halla al alcance de la mano.

Consciente de ello, Rafael Cerezo, hombre de cofradías con una amplia experiencia al frente de cuadrillas como la de Jesús del Silencio y del Cristo del Amor y formando parte del equipo de capataces del Cristo de la Clemencia, de San Bartolomé de Espejo o como costalero en las cuadrillas de María Auxiliadora, la Reina de los Mártires, La Sentencia, Gracias y Amparo, Las Angustias o Rocío y Lágrimas entre otras, ha sabido inculcar a sus hombres la verdad de las trabajaderas logrando transmitir los auténticos valores del costalero que trascienden de protagonizar un mero deporte sacro para convertirse en los pies de María Santísima. Una verdad asumida por estos 60 soñadores que luchan unidos, como un único espíritu, para que un día, que comienza a dibujarse en la lejanía del horizonte de sus desvelos, su titánico esfuerzo lleve a Nuestra Señora de la Penas a pasear elegante camino de la Santa Iglesia Catedral.