Fuegos de agosto

El año de 1940 sería testigo de varios acontecimientos en el ámbito cofradiero. Por ejemplo, Antonio Illanes concluiría la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, cuya hermandad del Porvenir realizaría su primera salida procesional. También sería la primera vez que Nuestro Padre Jesús de las Penas, de la hermandad de San Roque y obra también de Antonio Illanes, recorriera las calles de la capital hispalense. Además, llamaría la atención que la hermandad del Baratillo decidiera suprimir las figuras secundarias del paso de misterio, mientras que, por otra parte, el cardenal Segura regulaba la presencia de las hermanas durante las procesiones. Sin embargo, durante el mes de agosto, un hecho sacudiría

Dormía la ciudad una noche de las de verano, de ventanas abiertas de par en par y enredaderas trepando los muros de las casas viejas. Verdes halagos, que dijera Góngora en aquel Siglo de Oro tan nuestro. En los almacenes de la Intendencia de Sanidad se guardaba el paso del Nazareno de la hermandad de Pasión, que vino a sustituir el que ejecutó Juan Rossy en 1865 y que sería vendido en 1908 a la hermandad de San Roque. Allí, en los depósitos de la calle Lope de Vega estaba provisionalmente la obra que diseñara Pedro Domínguez en 1903 y que, debido a su fallecimiento, concluyera Manuel Gutiérrez entre 1903 y 1908. Se había trasladado allí desde el almacén donde habitualmente se encontraba, situado en el convento de San Clemente.

Durante aquella noche, casi cuarenta años después de que se ideara el proyecto que finalmente acabaría haciéndose realidad, un incendio provocado a causa de un cortocircuito comenzó a devorar las dependencias, consumiendo todo lo que encontraba a su alrededor. El paso que dorara Pueyo terminaría siendo pasto de las llamas, quedando prácticamente reducido a cenizas. Un golpe para la hermandad, que todavía recuerdan los cofrades de mayor edad. Quedaba entonces la manera de pensar en cómo realizar la estación de penitencia al templo metropolitano la siguiente Semana Santa mientras que se embarcaban en la realización de un nuevo paso que tardaría años en terminarse.

Al año siguiente, el 10 de abril de 1941, la hermandad del Jueves Santo saldría con Jesús de la Pasión en unas humildes parihuelas cuyos hermanos iban vestidos de nazareno y sin capirote. Este hecho provocó que quienes presenciaran el cortejo, pudieran admirar más de cerca el rostro del Nazareno, algo que sin duda sobrecogería a los presentes. En 1942, en cambio, el Señor de Pasión salió sobre el paso del Cristo del Amor, corporación con la que comparten sede canónica y que decidió dejar el suyo días después de portar el crucificado de Juan de Mesa. Por aquel entonces se encontraba Cayetano González inmerso en la ejecución de un proyecto majestuoso que vería la luz el 22 de marzo de 1943. Madera dorada y plata para una obra que es todo un emblema de la orfebrería del siglo XX y cuyo programa iconográfico fue supervisado por los sacerdotes D. José María Bandarán y D. Valentín Gómez.

Cada Jueves Santo, la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión recorre las calles hispalenses sobre el paso de plata que ideara Cayetano González. Uno de los grandes pasos de la Semana Santa de Sevilla para una de las mejores obras que dio el Barroco. Plata para un Nazareno del Siglo de Oro.