Sevilla seguía despierta tras vivir una Madrugá desagradable. Parecía que la jornada más especial de la Semana Santa se salvaría pero truncó la estación de penitencia de las últimas cofradías del día. Era Viernes Santo. Y todos esperaban una buena tarde en la que el tiempo respetase para seguir disfrutando de las cofradías.
La Carretería devolvió al Arenal y a Sevilla un ambiente decimonónico. Túnicas de terciopelo, elegantes, saber estar pese al calor. El Cristo de la Salud se lució con marchas clásicas interpretadas por la Banda de Cornetas y Tambores de las Cigarreras. La Virgen del Mayor Dolor en su Soledad desataba suspiros cuando pasaba. Con un repertorio de muy buen gusto convirtió las calles del Arenal en un auténtico paraíso para cofrades incansables.
Otro de los repertorios más deseados por escuchar se interpretaron tras el paso de la Soledad de San Buenaventura. La Virgen protagonizó momentos exquisitos entrando en la calle Tetuán con ‘Valle de Sevilla’, en Arfe ‘Amarguras’ y en su última revirá con ‘Soledad Franciscana’. El paso estaba exornado con un gusto exquisito.
Una de las cofradías más esperadas de la jornada fue la del Cachorro. Eterno aliento de Sevilla que dio aire al cofrade que se agobia porque la semana más grande se está acabando. Impresionante la estampa del Cristo de la Expiración por el Puente de Triana bajo un cielo completamente gris. Marchas clásicas interpretadas por Presentación Pueblo y un Cristo que impresiona en todas las calles. Este año no lució potencias ni corona de espinas. La Virgen del Patrocinio volvió a ser un regalo. El paso de Cristo tuvo que apresurar su paso por la calle Castilla que lo recibía con una lluvia inminente. Mientras la Virgen del Patrocinio inició el paso mudá al inicio de Triana.
La calle Castilla prestó a Sevilla otra cofradía, la de la O. Allí dejó bellas estampas a la ida. Todo lo contrario que a la vuelta. Ya en la calle Adriano la cofradía se apresuraba. Unos minutos después empezaba la lluvia. Al Nazareno tuvieron que ponerle un capote. Y ambos pasos iniciaron desde el Arenal su paso mudá que terminó en la calle Castilla con una fuerte lluvia.
El Viernes Santo tuvo sus momentos de sobriedad y silencio con las hermandades de San Isidoro y la Mortaja. Las dos imágenes y los dos pasos de San Isidoro son muy dignos de contemplar. Por otro lado, la Mortaja es una de las cofradías que deben ver desde el muñidor que abre el cortejo hasta que se marcha en paso de misterio.
Estas dos cofradías sufrieron contratiempos. Al palio de la Virgen de Loreto de San Isidoro se le cayó una de las marías sobre el manto en la calle Placentines. Por suerte, en ese momento estaba la candelería completamente apagada y no propició ningún daño.
A la Mortaja le sorprendió la lluvia y quedó refugiada en la Catedral. Tras esperar que desapareciera la lluvia. Inició rápidamente su camino de vuelta a la calle Bustos Tavera por la Cuesta del Bacalao, Francos y Cuesta del Rosario.
Montserrat es un regalo para los sentidos. Buen gusto en los dos pasos. La representación del misterio del “Gran Poder crucificada” es una ventaja para ganar miradas. Más con la Banda de las Tres Caídas que interpretaron un repertorio medido para un misterio elegante y esplendoroso. La Virgen de Montserrat es un palio se mueve en la línea rigurosa de la categoría. Todos buscan su paso por el Arenal y este año lo perdieron. También quedó refugiada en la Catedral y volvió por la Avenida de la Constitución, Tetuán y Rioja.





