He vivido a lo largo de mi vida muchos procesos electorales en varias cofradías, y algo de todo esto debería de haber aprendido, después de haber visto tantas cosas.
He visto como muchos candidatos únicos, en solitario, tras la votación celebran su triunfo electoral como si hubiese ganado la segunda vuelta de las elecciones de los Estados Unidos, me refiero a los de América, y por lo grande de la fiesta, después de una lucha encarnizada por el puesto, ¿lucha?, si solo existía un único candidato, sería raro que no saliera como triunfador absoluto, con o sin celebración, con o sin fuegos artificiales.
Luego de la celebración viene la esperada relación de miembros de su equipo, que al menos estará formado por vice hermano mayor, secretario, tesorero, vocalías varias, damas camareras, fiscal, y para mejorar casi siempre y como muestra de buen hacer, reelección de capataces, vestidor, y aquí habrá lugar para revolver cualquier cargo de la índole que sea, aunque no sean de los que directamente le afecta a la gestión de la entidad, y es que una buena remodelación hace grande al que la inicia, aunque sea errónea en casi toda su extensión.
He vivido a lo largo de mi vida muchos errores en este último apartado, nadie desea en el mundo de las juntas de gobierno, que la continuidad sea algo “normal” o de “normalidad”, ya que todo el que llega tiene la plena seguridad que quien estuvo antes que él, de seguro erró en todas sus responsabilidades, y es muy rara la junta que arrastran algunos cargos, salvo que sean de aquellos que ni pinchan ni cortan, y que solo bailan al son del último que llega, miembros estos muy útiles para demostrar esa falsa normal continuidad, siendo la normalidad la que reina en falso.
Es imposible que donde estén veinte o veinticinco, señores o señoras, que durante cuatro años han sostenido la responsabilidad de una entidad de carácter público de fieles, que todos deban de ser cambiados, y la pregunta es: ¿si todos no han prestado de forma correcta y útil su servicio a la entidad, cómo es que aún ostentan sus cargos? Y la otra es ¿Y si lo han realizado de forma impecable, cual es la causa de tenerlos que cambiar?
La realidad es algo mucho más cercano, más cercano a la condición humana, y una buena razón para cambiarlos es la amistad, el “no son mis amigos”, “mis amistades son los que de verdad hacen las cosas bien, no los demás”, y es aquí donde está lo magnánimo del que triunfó en las solitarias elecciones, y casi siempre la totalidad de su error.
Cuando de amigos va la cosa, pues la cosa no va bien, los amigos están muy bien para celebraciones, comidas, vermús, cervecitas o copas, para charlas, tertulias y profundas conversaciones y mil cosas más, pero por mucha amistad que se tenga, esta no aumenta el conocimiento de la labor encomendada para cualquier cargo, yo he visto mil veces como el trabajo continuo y constante termina por destrozar las más fieles amistades.
Para trabajar hay que buscar trabajadores, aquí es donde reside la dificultad, buscar quien sin animo de ganar ni de perder, si ánimo de destacar, solo con el de trabajar, fijándose unas metas y no cejando hasta alcanzarlas, y una vez alcanzadas fijar unas nuevas y emprender de nuevo el mismo camino, y lamentablemente, los amigos, apoyados en esa misma amistad adolecen de esa perseverancia y terminan procrastinando todas sus metas y las del equipo, la amistad es lo que tiene, que a un amigo se le soporta y perdona casi todo.
Cuando los equipos los forman amigos, las entidades se terminan pareciendo a cortijos, aquí solo son bienvenidos los amigos, los que no lo son, no lo son o serán enemigos, y hay que evitar que lleguen, y es así como se van perdiendo y difuminando los hermanos en la nada, así es como las entidades se quedan adormecidas por años, solo sobreviviendo sin ninguna identidad, sin metas y apenas sin moverse.
A pesar de todo esto, lo que de verdad es un milagro es que sobrevivan a estas repeticiones, y a sus gestores, y es que repetimos siempre los mismos métodos, y a base de repetir lo que hacemos es solo repe y timos.





