A contracorriente | Los subvencionados de Juan Carlos Aragón

Juan Carlos Aragón

Escuchar los carnavales de Cádiz, en los últimos años, se ha convertido, cada vez más, en un reto, por lo extenuante de la causa. Desde el llamado pescaíto en blanco (ausencia de crítica) hasta el chiste grosero, la vulgaridad se ha ido apropiando de cada rincón del Teatro Falla con el mismo modus operandi que en el resto de la sociedad.

Los autores que aportaban algo distinto fueron cayendo y, salvo honrosas excepciones, solo queda una nadería de la que uno se puede esperar cualquier letra. Así, las agrupaciones punteras en comparsas son lo que antes era carne de semifinal, con alguna final cada cierto tiempo, si sonaba la campana.

Y una de ellas, que lleva cuatro años persiguiendo el primer premio desaforadamente, es la de el Chapa, cuyo mayor mérito es llevar a buena parte del grupo de Juan Carlos Aragón y enarbolar la pretendida bandera de su legado. Y, como primero fue Ares y ahora Bienvenido son los que les demuestran su estatutos, cualquier letra vale para tratar de asaltar la ansiada cumbre del escalafón, aunque les venga muy grande.

Tal vez, sea por eso que le cantaron a las subvenciones de la Magna de Sevilla y a las del Rocío, con ese rancio tufo de lo progre frente a lo religioso, que ya no compra ni un bohemio trasnochado que se quedó anclado en los ’80. La pretendida polémica es más artificial que cualquier bomba de humo que suelta el Gobierno para que se olvide tal o cual escándalo de la semana.

Las subvenciones siempre son negativas, aborrecibles, prescindibles, pero querer cargar las tintas con las que reciben las cofradías, obviando sistemáticamente a otros cientos de colectivos a los que no sería políticamente correcto atacar es, cuanto menos, lamentable e insultante para la inteligencia de cualquiera que la utilice.

Evidentemente, ese no es legado de Juan Carlos Aragón, por más que el Chapa y Bohórquez se cuelguen de la bandera de un genio que, como tal, es irrepetible y que, seguramente sin quererlo, dejó una subvención, la del uso de su figura para ganar premios de carnaval. Ya lo escribió en Araka la Kana: “En nuestra ciudad Montevideo natal hay un Carnaval con un concurso como el vuestro pasa como aquí que por ir a la final en vez de a los vivos se le escribe a los muertos”.