Expiración da una lección de sobriedad y elegancia que hace enmudecer a Córdoba

La mañana de invierno ha adquirido en Córdoba este domingo gris y frío una dimensión única e irrepetible. Venciendo a los pronósticos, una vez más erróneos de la Agencia Estatal de Meteorología, cuyos responsables han logrado situar esta ciencia perfectamente inexacta en un remedo de sus propias posibilidades, no mucho mejor parada que las ridículas cabañuelas, la hermandad de la Expiración decidió abrir de par en par las puertas de la Real Iglesia de San Pablo, para dejar que su cortejo se precipitase por las calles de la ciudad en la búsqueda de la Santa Iglesia Catedral.

Es sencillamente espectacular presencial el devenir del cortejo de la cofradía claretiana. Ejemplo sublime de saber estar y buen gusto, a los cofrades de la Expiración poco parecen importales llevar o no túnica nazarena para demostrar de qué modo se ha de desenvolver un miembro de un cortejo de una cofradía de negro, llevando su significado a su máxima expresión. Lo demuestran cada año en el incomparable Vía Crucis que se desarrolla en Cuaresma en el interior de las naves del templo fernandino y este domingo, lo han vuelto a constatar.

Mención aparte merece el caminar el paso de misterio de la cofradía, delicadamente exornado con rosas rojas. Magistralmente dirigida por su capataz, Ángel Carrero y su equipo de capataces, poco amigo de los elogios públicos por más que algunos le hayamos repetido hasta la saciedad que la alabanza no es más que la consecuencia directa del trabajo bien hecho, los costaleros de la Expiración demuestran cómo debe andar una cuadrilla de estas características. Un andar elegante, sobrio, pausado, con criterio, fuerza cuando es preciso y finura en cada uno de sus movimientos.

Espectacular la chicotá que se marcaron los hombres de Dios en la calle de la Feria, sin más reconocimiento público que las palabras de aliento de su capataz, consciente de que hay que saber endulzar en su justa medida, el trabajo exquisito cuando este se produce. Y es que Carrero ha logrado construir una cuadrilla con mayúsculas, con un compromiso fuera de toda duda y un rachear pausado que pedía a gritos este paso que antaño tenía una puesta en escena completamente diferente. No fueron fáciles los comienzos en Expiración para Carrero y su equipo, pero la adecuada selección de los mimbres precisos, la constancia y la certeza de que el camino emprendido era el adecuado, han propiciado que hoy por hoy sea un lujo ver caminar este paso bajo el cielo de Córdoba.

Otro de los elementos que perfeccionaron la mañana fue la magnífica interpretación ofrecida por el Coro de Voces De Profundis y la capilla musical Calvarium, que en virtud de un extraordinario repertorio y una ejecución impecable, pusieron el perfecto contrapunto al transcurrir de la cofradía, que en cada uno de sus pasos destilaba un aroma de distinción que no suele prodigarse en otras procesiones de características similares, en las que la multiplicación de saludos, el comentario del partido de la jornada o cualquier otra conversación intrascendente trufa la dignidad de este tipo de acontecimientos con escenas completamente fuera de lugar. No ha ocurrido así con la puesta en escena de la hermandad de la Expiración, intachable, minuciosa, magnífica en todos sus extremos.

Especialmente significativo ha sido el paso del cortejo por el Compás de San Francisco, donde se halla el antiguo hogar del crucificado y donde el párroco ha recibido en la puerta a la comitiva, acompañado de una representación de las hermandades de la Cabeza, el Huerto y la Caridad, con un recuerdo público a su estancia entre aquellos muros, una reflexión y una oración tras la cual, el misterio ha continuado su caminar, atravesando el arco para buscar la calle de la Feria y posteriormente Magistral González Francés rumbo a la Catedral, donde el obispo de la Diócesis,  Monseñor Demetrio Fernández, ha presidido una Solemne Función Principal con motivo de la efemérides que se celebra, el centenario de la reorganización de la cofradía.

Más allá de las 13:20, el cortejo emprendió el camino de vuelta entre un inoportuno y absolutamente fuera de lugar repicar de campanas, impropio para la cofradía que estaba saliendo de la Catedral en esos momentos. Precisamente este momento ha dejado una de las anécdotas de la jornada, ya que en el mismo Arco de Bendiciones, cuando el paso de misterio estaba a punto de iniciar el camino de retorno a San Pablo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha aprovechado su presencia en Córdoba para presenciar la salida del cortejo en el enclave único del Patio de los Naranjos, saludando al hermano mayor de la Corporación claretiana, José Luis Cerezo.

Afortunadamente el martilleo incomprensible de las campanas se perdió en el preciso instante en el que la cofradía se introdujo en la encrucijada de callejuelas de la Judería cordobesa que, por un día, recuperaba la dicha de sentir avanzar en sus entrañas el paso de misterio de la corporación de San Pablo, al tiempo que un público bastante más nutrido que el que se dio cita a primeras horas de la mañana, envolvía el impecable caminar de cortejo y cuadrilla de regreso a su hogar claretiano, después de haber ofrecido a todos una jornada que ya forma parte de la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade.