Hay que ser elocuente con el proceso evolutivo que tienen las cofradías cordobesas y que presentan en nuestra semana de oro del año. Cofradías, unas, que destacan por su buena presencia y, otras, que parecen que pasan desapercibidas pero que se podrían presentar perfectamente en una línea ascendiente. Estas últimas se mantienen calladas en la boca de la gente cofrade, aunque a muchos de los que nos movemos por este mundillo cofrade aún no nos expliquemos el porqué. Hermandades que llevan hace tiempo demostrando como evangelizan las calles con un buen hacer que muchas de las corporaciones que a día de hoy se encuentran en pleno auge le gustase tener. Corporaciones que enseñan al gentío como se puede crecer de tres maneras: en lo espiritual, en lo humano y en lo patrimonial, sin dejar ninguno de estos tres campos cerrado. Una de ellas, que llevo observando desde hace un tiempo, es la hermandad de la Cena.
Una cofradía que nace cada día más y que cuenta con el buen hacer de su junta de gobierno en la actualidad y que por supuesto, viene siendo santo y seña de las anteriores. Porque es muy importante que las juntas de gobiernos contengan discrepancias en algunos conceptos pero que no se salgan de una línea que, al fin y al cabo, que marque un estilo y desarrollo para facilitarte el crecimiento permanente. Quizá uno de los primero recuerdos que tengo de esta hermandad sea su salida, momento en el que se ve perfectamente como en el barrio de Poniente -donde estaba desértico de movimiento cofrade alguno- se vuelca con el señor de la fe. Un barrio que, tras un largo tiempo de trabajo y dedicación, ha conseguido evaluar de una manera muy positiva la corporación del jueves santo volcándose con ella.
El Jueves Santo es la jornada de la semana de pasión de nuestro señor en el que procesiona por las calles dicha congregación. Día magnifico para ver el nivel de crecimiento que tiene. Un cortejo de capirotes solo granates -por ahora- en el cual se establecen los guiones en los que se ve un gusto magnifico, con unos diseños que muestran el gran trabajo de la comisión artística. También cabe destacar que a la hora de haber desempeñado la realización de esos diseños de manera material siempre se ha caracterizado por confiar en aquellos que mejor sabían hacerlo y más confianza les transmitían.
Otro punto muy honroso y de lo que deben de sentirse muy orgullosos de ello, es la creación de una formación musical. Una agrupación musical que, aunque le queden años para desarrollarse plenamente, no deja lugar a dudas que se convertirá en una de las mejores formaciones musicales que sonaran en las calles de Córdoba. Es más, en este párrafo me gustaría recalcar una cosa que me llama mucho la atención, que no me pasa con otras muchas bandas de la geografía cercana a Córdoba, y no es más, que mostrar de manera permanente el sello de la corporación. Poseen un estilo personal pero que se rige en el mismo que la cofradía, buena ocasión para ver como se tienen que hacer las cosas, que no es mas que una banda debe de estar ligada en todo momento a la hermandad que pertenece.
Quizá el sueño más efímero que poseen los miembros de la hermandad de la cena no sea a día de hoy más que el ver procesionar a su titular mariana, María santísima de la Esperanza del Valle. Un sueño que día tras días se ve más cerca. Siendo esto así, la corporación ha visto de buena manera la hechura de un alto porcentaje del paso de palio. Un aliento que aspira a que pronto la devoción de la Fe lleve tras de si una Esperanza que tiene entre sus mejillas un Valle de cinco lágrimas. Será entonces cunado el barrio de Poniente vestirá también capirotes verdes.
Yo, como cofrade que soy, me imagino dentro de unos años a dos niños. Y uno, le preguntará al otro:
– ¿Tú que eres nazareno de rojo o de verde?
– Yo, soy de los dos, pero me gusta mas el verde. ¿y tú?
– Yo soy granate. Pero lo que me importa de verdad es salir en la Cena.





